Tecno empresa

¿Y si quiero comida chatarra?

A raíz de la aprobación de nuevos impuestos en este fregado país, no puedo más que sentirme víctima de una violación multitudinaria, pues mientras nos estábamos defendiendo de un mayor ISR a las clases medias y de la aplicación del IVA a viviendas y colegiaturas, los distinguidos diputados aprobaron otros gravámenes que van a incrementar la brecha entre ricos y pobres, mediante un método de pauperización de la clase media.

Sin embargo, entre todo el berenjenal hacendario, hay dos cosas que me cabrean al cuadrado: la ínfima reducción al gasto corriente y la inútil estrategia de establecer medidas fiscales draconianas bajo el parapeto de la aplicación de políticas públicas en salud.

Pasó con el cigarro y pasó con las bebidas alcohólicas, se les impusieron gravámenes especiales (IEPS) y aún así los fumadores siguen refinándose sus carísimas dosis de arsénico con limpiador de pisos (cuando es legal), combinado con su pedacito de neumático (cuando es de contrabando); se les incrementaron los impuestos y aún así sigue habiendo automovilistas borrachos que atropellan personas en la calle o fiesteros que mueren tras haber consumido licores adulterados.

Si acaso los impuestos frenaron el consumo de cigarro o del chupe, también generaron boyantes giros negros y elevaron la recaudación para dar chamba a funcionarios públicos que viven de curar y tímidamente prevenir dichas enfermedades.

Por eso pregunto: ¿para qué un impuesto a la comida industrializada con alto nivel calórico? ¿Por qué no gravar con IVA a las tortas, los atoles y las peligrosísimas guajolotas de “tamal de verde”? ¿Y si me encanta la comida chatarra? ¿Y si en lugar de querer formar nuestro consumo, mejor in-forman (en tiempos oficiales) sobre comida alternativa?

Ahora bien, si de lo que se trata es de portarse bien vía impuestos, ¿por qué no le ponen un IVA de 80 por ciento a las balas? ¿Por qué no aplican un IEPS de 50 por ciento a los prostíbulos? ¿Por qué no ponen un ISR de 40 por ciento a los legisladores que viven para servir al pueblo?

Creo que estarás de acuerdo en que difícilmente veremos respuestas positivas a estas preguntas, por dos razones: o se les cae el negocio recaudatorio o serían inútiles, pues seguirán consumiéndose dichos productos o servicios.

Ya sé, ahora que mis hijos me pidan unas papitas, un pastelito, un juguito o un chesquito, les diré: “No hijo, porque ya tienen un IEPS de 5 por ciento”. ¿Sabes qué me contestarán? La respuesta aplica para los legisladores.

Twitter: @hugogonzalez1