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¿Ábranse las ondas?

De verás que a veces no entiendo algunas ideas fantásticas de ciertos personajes que hasta me hacen pensar que solo se trata de protagonismo, de fregar al prójimo o de una inconfesable agenda privada. Si no, cómo se entienden propuestas o declaraciones que se hacen sin tomar en cuenta el impacto que pueden tener en algunos mercados.

Una de esas ocurrencias que prevalece desde la época de la extinta Cofetel y que (hasta donde pude averiguar) está entre uno de los próximos temas a discutir en el Instituto Federal de Telecomunicaciones es la propuesta de modificar las normas de asignaciones de estaciones de FM para reducir desde 800 a 400 megahertz el espacio entre las emisoras que operan en una misma área geográfica. En términos llanos, meter más estaciones de FM en ciertas ciudades.

Además, la Cofetel (y al parecer el Ifetel sigue en lo mismo) tenía en mente permitir la operación de estaciones de baja potencia (LPFM), las cuales no deben superar los 200 watts; sin embargo, más allá de la distorsión de algunos mercados publicitarios locales, donde se ha comprobado desde hace décadas que al aumentar la oferta se redujo la demanda; se trata de una excelente idea para darle un trancazo a la endeble industria radiofónica en ciudades donde ya está saturado el cuadrante.

Es que desde hace años existen estudios donde se afirma que a excepción de los sintonizadores de autos, los radio receptores que usamos tú o yo, sufren una degradación en la calidad del audio al aumentar el ruido, producto de la interferencia de señales; eso sin contar la pérdida de señal digital en el sistema Iboc en sitios cercanos a las estaciones receptoras.

Esos estudios de campo se realizaron en Tijuana y la Ciudad de México, los cuales cumplieron con todas las predicciones teóricas que se habían hecho por laboratorios de la National Public Radio de EU. Por eso, no solamente se trata de sentirse Moisés y pedir que se abran las aguas del mar Rojo.

hugo.gonzalez@milenio.com

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