Gajes del orificio

Taxonomía del 'rockcito' (II)

Como decíamos en nuestra columna del martes pasado, el rockcito no es un concepto cerrado o monolítico. Existen diversas variantes que si bien no lo enriquecen (más bien todo lo contrario), le otorgan cierta multiplicidad que lo convierte en algo cuando menos curioso. Veamos algunas más:

-El rockcito andino. Se trata de una tendencia más o menos reciente que surgió cuando algunos exponentes del rockcito descubrieron los videos de producción peruana de La Tigresa del Oriente y Wendy Sulca. Al creer, en su conmovedora ignorancia, que se trata del verdadero folclor de los Andes, les pareció “chida idea” adoptarlo, lo que dio como resultado algunas cancioncitas que no transmitiría ni Radio Educación. Ejemplos de este infragénero: algunos temas nuevos de Natalia Lafourcade y Café Tacuba.

-El rockcito de primer demo. Es el que suelen hacer muchas “bandas” debutantes que componen (o descomponen) sus primeras piezas (a veces en español, a veces en inglés, a veces en no-se-entiende-lo-que-cantan) y logran grabarlas en un demo, mismo que hacen llegar a radiodifusoras o revistas especializadas (con la frase de cajón que reza: “lo que hacemos es completamente diferente y no se parece a nada que hayan escuchado antes”), en busca de una mención, una reseña o una entrevista. Curiosamente (y me consta porque he recibido muchos a lo largo de los años), los demitos siempre suenan iguales, como si se tratara del mismo grupo. Por lo general y en su inmensa mayoría, son propuestas que no pasan de ahí.

-El rockcito tributario. Es el que se ha especializado en realizar pésimas versiones “en homenaje” a sus ídolos musicales o con la franca intención de tocar canciones de músicos que cuentan con una amplia convocatoria. Por eso hay “grupos tributo” lo mismo de los Beatles y Pink Floyd que de Soda Stereo, Caifanes, Héroes del Silencio y un largo y lastimero etcétera. En general terminan tocando en bares y antros de mala muerte.

Y sí: continuará.

Twitter: @hualgami