Gajes del orificio

No olvidemos a Ani DiFranco

El estilo que tiene para cantar y, sobre todo para tocar su guitarra, es su principal marca.

Muchos son los álbumes que aparecieron el año pasado y que no alcanzaron a ser comentados en esta columna. No por obvio esto deja de ser lastimoso, ya que hubo numerosas grabaciones dignas de ser mencionadas por su alta calidad musical. Un ejemplo es Allergic to Water (Righteous Babe, 2014) de Ani DiFranco, la espléndida cantautora estadunidense, dueña de una muy amplia y variada discografía que rebasa la veintena de obras.

Aunque siempre se ha movido en los terrenos de la más absoluta independencia (antes de que se inventara el término indie), DiFranco ha sabido dar a conocer su obra en forma inteligente y sin comprometerse con aquello que le resulta incómodo o limitante. Por ello siempre ha grabado para su propio sello, desde su debut homónimo de 1990 hasta la fecha.

Con trabajos memorables como Dilate (1996) o Knockle Down (2005), el característico estilo que tiene para cantar y, sobre todo, para tocar su guitarra es su principal marca, aunado al contenido poético e inteligente de sus letras y a la manera como ha ido absorbiendo diferentes géneros y subgéneros en su música. Si en sus inicios lo suyo era el folk (o más precisamente el anti-folk), ahora lo sigue siendo pero con diversos elementos tomados del rock, el funk, la electrónica y el jazz.

Esta nacida en Buffalo, NY, en 1970, regresó, pues, en noviembre pasado con Allergic to Water, un álbum delicioso y variado, grabado en un par de sesiones de cuatro días cada una, mientras sobrellevaba su embarazo. La mezcla y la producción son totalmente caseras y las hizo ella misma, a lo largo de varias noches, con los audífonos puestos para no molestar a su familia.

Doce son las canciones que conforman el disco y no hay una que podamos considerar de relleno. Desde las preciosas “Happy All the Time” y “Careless Words”, hasta la funkacústica “Yeah Yr Right”, pasando por la intensidad de “Dithering”, la melancolía de “Allergic to Water”, la sensualidad bluesera de “Harder Than It Needs to Be” y la belleza minimalista de “Rainy Parade”.

Una joya que no debe pasar desapercibida.   

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