Gajes del orificio

El hotel de Cibbo Matto

El grupo presenta un material discográfico que nos remonta a la más pura nostalgia.

Cibbo Matto parecía un proyecto condenado a la nostalgia de unos cuantos melómanos aferrados. Después de todo, este dueto de japonesas residente en Nueva York solo había grabado un par de discos y desde la aparición del último han pasado ya tres lustros. Pero he aquí que Yuka Honda y Miho Hatori decidieron sorprendernos y regresar a las andadas discográficas con un tercer álbum francamente delicioso.

Hotel Valentine (Chimera Music, 2014) nada le pide a sus dos antecesores, los estupendos Viva! La Woman y Stereo Type A, de 1996 y 1999, respectivamente, (algunos recordarán tal vez aquellos grandes temas noventeros que fueron “Sugar Water”,  “Moonchild”, “Spoon” o “Sci-Fi Wasabi”). Honda y Hatori idearon esta vez una obra conceptual, en la que todas las canciones giran alrededor de ese hotel Valentine en donde habita una mujer fantasma que lo observa todo y reflexiona acerca de ello.

Diez son los temas que conforman este plato y ninguno de ellos tiene desperdicio. Cibbo Matto se muestra en plena forma, como si el dúo jamás se hubiese separado y como si esos 15 años de ausencia se redujeran a unos cuantos meses. Desde el corte inicial, el contagioso y contundente “Check In”, nos encontramos con que el ingreso a ese hotel musical nos está permitido de la mejor manera y que cuando nuestra estancia termine y abandonemos el lugar con la culminante y serena “Check Out” como precioso fondo, saldremos plenamente satisfechos de la aventura ahí vivida y, sobre todo, escuchada.

Pero las otras ocho piezas resultan igualmente espléndidas y suntuosas. Como la acariciante y sensual “Déjà Vu”, con algunos ecos de Janelle Monáe, o la funkie y bailable “10th Floor Ghost Girl”, que nos remite a los Talking Heads y Tom Tom Club. Lo mismo puede decirse de la hiperquinética “Emerald Tuesday”, la electroclashera “MFN” (¿se acuerdan de Peaches?),  la trip-hopera “Hotel Valentine”, la tranquila y atmosférica “Empty Pool”, la más experimental “Lobby” y la divertidísima y juguetona “Housekeeping”.

Lo dicho, un disco suculento.    

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