Gajes del orificio

Tom Petty, ese rompecorazones

"Hypnotic Eye" es un disco trascendente, de lo más rocanrolero en lo que val de 2014.

La ventaja de ser un músico veterano es que las cosas se hacen menos por buscar la fama y el éxito que por el mero placer de hacerlas. Eso denota la escucha del más reciente larga duración de Tom Petty and the Heartbreakers, añeja agrupación fundada a mediados de la década de los 70 y que regresa a los terrenos discográficos cuatro años después de su anterior álbum, el estupendo y blueseroMojo de 2010. Porque se trata de puro placer y puro gozo, de música que se disfruta por el simple hecho de que quienes la ejecutan lo hacen con ese mismo disfrute que brota de las 11 canciones que conforman a Hypnotic Eye (Warner Bros, 2014).

Desde la primera pieza, la contundente y rocanrolera “American Dream Plan B”, descubrimos que se trata de una obra singular, con una fuerza inusual en esta época en la que el rock ha perdido mucho de su poderío primitivo. Pero esta fuerza se combina con diferentes toques de sutileza y elegancia que la enriquecen y hacen del disco un trabajo mayúsculo, cosa que se va confirmando conforme van pasando los diferentes temas, como el intenso y rítmico “Fault Line” (con esos guitarreos a la zydeco), el a la vez seco y florido “Red River” (estrofas rasposas contra coros armoniosos en una combinación dialéctica perfecta), el delicioso y acompasado “Full Grown Boy” (con su swing suavemente jazzeado), el urgente y desesperado “All You Can Carry” (instrumentación llena de angst contra una voz que la suaviza), el bluesero y oscuro “Power Drunk” (con esa guitarra a la BB King que recuerda a su ochentera “Into the Night”) o el retumbante y vibrante “Forgotten Man” (con sus reminiscencias de Bo Diddley).

El resto del álbum es igualmente emocionante, y cortes como “Sins of My Youth”, “U Get Me High”, “Burnt Out Town” y la sensacional y concluyente “Shadow People” mantienen la altísima calidad del mismo.

Desnudo y complejo a la vez, Hypnotic Eye es un disco trascendente y junto con el Lazaretto de Jack White, uno de los platos más genuinamente rocanroleros en lo que va del año.     

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