Gajes del orificio

Pascuala Ilabaca

Parece chiste, pero juro que fue cierto. Cuando una querida amiga me recomendó a esta intérprete chilena y yo escuché su nombre, me pareció que me estaba tomando el pelo: “¿Pascuala y la vaca? ¿Así se llama?”. Imaginé que hacía canciones humorísticas o que era, de plano, cantante de ese folclor sudamericano que tan de moda estuvo en los años 70 del siglo pasado y que hoy han retomado las buenas y políticamente correctas conciencias.

Mi amiga me deletreó entonces el nombre correcto: Pascuala Ilabaca. La busqué, la escuché y aunque no estuve tan errado en la cuestión folclórica, hay que decir que esta joven andina incluye en su repertorio varias piezas de ese tipo (en especial temas de Violeta Parra), pero les da la vuelta y las fusiona, de manera muy creativa, con rock, world music y otros géneros.

Me saco el sombrero (2014) es el más reciente disco de Ilabaca, dueña de una voz muy bella y melódica (por fortuna más en el estilo de la catalana Silvia Pérez Cruz que, digamos, de Carla Morrison o Natalia Lafourcade). Su estilo aunque, como dije, emparentado con el folclor de Chile, recuerda de pronto a la primera Julieta Venegas, aquella de composiciones como “Esta vez” o “De mis pasos”. Incluso, como Julieta, Pascuala también toca el piano y el acordeón. Sin embargo, confiesa que sus mayores influencias son Janis Joplin y Violeta Parra (de hecho, su disco debut de 2008 está conformado enteramente por canciones de la legendaria cantautora chilena).

Nacida en Valparaíso en 1985, Ilabaca forma parte también del grupo de música étnica Samadi. Como solista se hace acompañar por la banda La Fauna y ha grabado cinco álbumes, contado este, Me saco el sombrero, conformado por nueve temas, entre los que destacan versiones muy novedosas e interesantes de “El arado” y “La luna siempre es muy linda”, ambas de Víctor Jara, y “Los estudiantes”, de Violeta Parra, así como poemas de Gabriela Mistral musicalizados por la propia cantora.

Lo suyo podría definirse como neofolk sudamericano. Una propuesta musical, la de Pascuala Ilabaca, a la que vale la pena asomarse.

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