Gajes del orificio

Oh, my (Sweet) Jesus!

Circula el rumor, viaja de boca en boca, lo susurran en los rincones y lo comentan en los corrillos. Fue así como hace unos días llegó a mis oídos y aunque es sabido que el rock que se hace en México no es cosa que me apasione, debo reconocer que se me despertó cierta bienintencionada curiosidad.

¿De veras será tan bueno como se dice? ¿Es la agrupación que llegó para revolucionar la escena del rockcito nacional? Es más: ¿hace rock y no rockcito? Esas y otras varias preguntas llenaron mi cabeza y me decidieron a buscar su música. Quise conocer su propuesta y ¡eureka!, su único disco se puede escuchar en Spotify.

De esa manera, sin más esfuerzo que poner su nombre en el buscador, di con él y me dispuse a disfrutar de la nueva sensación. Sonó la primera canción, vino la segunda, luego la tercera y no pude más que exclamar: Oh my Sweet Jesus!

Porque el grupo se llama Sweet Jesus (así, en inglés) y su disco lleva el título de Norte. Fue grabado en 2013, pero es ahora que, según me entero, mucha gente lo está escuchando. Bueno, ¿y a qué se debe que haya yo lanzado la exclamación citada líneas arriba? ¿Tanto así me asombró? ¿Tanto así me gustó?

Siento decepcionar al respetable, pero el grito lo proferí al tiempo que me daba un manotazo en la frente ante la decepción de esa musiquita insulsa, inocua y bobalicona. Un pop edulcorado, deslactosado, un sonido absolutamente, sin garra, ñoñito, un estilo no de huevos sino de güeva.

Escuché el disco dos veces. La primera no me gustó; la segunda, menos. Además, eso de pretender ser (al menos implícitamente) los Vampire Weekend mexicanos hace que uno haga comparaciones y que los Pequeños Jesuses salgan muy mal parados. Eso para no hablar de las letras de sus canciones. Hay más poesía en cualquier reguetón, además de que su vocalista de pronto pronuncia el español como si éste fuera inglés (tipo Zoé).

Claro que si usted duda de mis palabras, puede escuchar a Little Jesus en Spotify o conseguir su disco. Quizás encuentre que le agrada y piense que estoy por completo equivocado. Aunque, a decir verdad, no lo creo.

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