Gajes del orificio

Blues con los Rolling Stones

El lugar común diría que se trata de un regreso al origen. Yo diría que hay mucho más que eso. En definitiva es una declaración de principios. Es decir que el blues es y sigue siendo la base y la semilla. Es confirmar el dicho de Willie Dixon de que el blues tuvo un hijo y lo llamó rock n’ roll. Es tomar la sustancia y renovarla, pero sin alterarla, sin pasteurizarla, sin adulterarla.

Blue & Lonesome (Interscope, 2016), el nuevo disco de los Rolling Stones, grabado 11 años después de su anterior A Bigger Bang (2005), no tiene una sola composición de la mancuerna Jagger y Richards. Se trata de una colección de 12 blueses, al mejor estilo s, de músicos tan legendarios como el ya mencionado Dixon, Howlin’ Wolf, Lightnin’ Smith, Bukka White, Eddie Taylor, Magic Sam, Jimmy Reed o Little Walter. Los Rolling Stones los han hecho suyos con el mayor respeto y con la mayor lucidez, en una grabación que les llevó apenas tres días y que por ello mismo suena tan auténtica. Un sonido a la vez grasoso e impecable, sin fisuras, sin inventos, negro hasta la médula, con un Mick Jagger sorprendentemente destacado en la voz y la armónica, un Jagger intenso y seductoramente bluesero.

Uno habría pensado que en un disco como este quien más brillara sería un blues man declarado como Keith Richards (y por supuesto que lo hace, como lo hacen Ron Wood y el siempre preciso Charlie Watts), pero esta vez es Jagger el que domina el panorama a lo largo de los 42 minutos que dura el álbum.

Otro mérito del disco es que no se buscó incluir un solo clásico del blues (salvo tal vez el concluyente “I Can’t Quit You Baby” de Willy Dixon), sino que se recurrió a piezas oscuras y poco conocidas como “Everybody Knows About My Good Thing” de Little Johnny Taylor (con solo de Eric Clapton incluido), “Just Your Fool” de Little Walter, “All of Your Love” de Magic Sam o esa delicada joya que es “Little Rain” de Jimmy Reed.

Un disco extraordinario.

Twitter: @hualgami