Cámara húngara

La respuesta está en el tiento

A lo largo de quince años, de 1997 a 2012 —es decir, durante los tres últimos años del gobierno de Ernesto Zedillo y los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón—, el país vivió dentro de una especie de sistema parlamentarista en el que el Congreso definió, por medios destructivos y entorpecedores, una paralización del país, al dedicarse sus miembros más a obstaculizar las iniciativas del poder Ejecutivo que a apoyarlas en aras de modernizar nuestras caducas estructuras institucionales. Fue lo que Ciro Gómez Leyva denominó como la Generación del No.

Algo parecido había acontecido a raíz de la Constitución de 1824, que otorgó un poder exagerado al Congreso de aquellos inicios del México independiente, en detrimento de la Presidencia de la República, por entonces débil e impotente, lo cual derivó en anarquía, caos, divisionismo, fraudes electorales y una corrupción rampante, situación que se prolongaría prácticamente hasta la llegada de Benito Juárez a la primera magistratura, en 1861.

El año 2013 significó un cambio en ese sentido. De pronto, las diferentes fuerzas políticas representadas en las dos cámaras legislativas se pusieron de acuerdo y trabajaron en conjunto con el Ejecutivo para llevar a cabo las reformas constitucionales atoradas desde hacía tres lustros. ¿Qué fue lo que realmente operó esto? ¿Es que con la llegada del PRI a los Pinos se empieza a recuperar el presidencialismo que reinó —literalmente— desde 1867 hasta 1997? Aún no lo sabemos, pero hay indicios de que de una u otra manera hacia allá se inclina la balanza.

El año 2014 puede dar respuesta en buena medida a la pregunta. Es el año de la discusión y la aprobación de las leyes secundarias que darán cuerpo y sustancia a las reformas aprobadas. Pero se debe andar con tiento. Sin precipitaciones. Sin ceder ante las poderosas presiones que ya surgen desde diferentes trincheras y sin dejar huecos que puedan prestarse a dobles o triples interpretaciones. Ojalá se hagan las cosas con cuidado y para el bien del país.

La respuesta, mi amigo, está en el tiento.

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