Cámara húngara

Una izquierda de caricatura

¿Cómo caracterizar a eso que en México hoy se denomina izquierda? ¿Cómo definir a ese ente dividido, desideologizado, oportunista, distorsionado, corrompido, ridículo, inculto, anquilosado, retrógrada y decenas de adjetivos más que se le pueden adjudicar sin faltar a la verdad?

La izquierda mexicana no tiene precisamente una historia ejemplar o de la cual pueda enorgullecerse. Desde los tiempos de Vicente Lombardo Toledano o del staliniano Partido Comunista, su camino ha estado empedrado por un cúmulo de divisiones, odios y traiciones. De todos los personajes que lucharon por conformar una verdadera izquierda en nuestro país, muy pocos nombres se pueden rescatar. Yo mencionaría a Heberto Castillo y a José Revueltas como los dos más insignes, con todas las contradicciones de este último. Mentes lúcidas las ha habido también en el campo de la teoría, caso de gente notable como Roger Bartra, Luis González de Alba o José Woldenberg, para citar tres ejemplos.

Sin embargo, lo que hoy se conoce como izquierda no es sino una caricatura infame. No se me ocurre otra manera de definir a los actuales PRD y Morena (Convergencia y esa mala broma que fue el recientemente des-registrado Partido del Trabajo no cuentan), cuyos líderes son como un mal cómic o una grotesca serie de dibujos animados. Basta con verlos a diario. Obsérvense las disputas mezquinas entre chuchistas y antichuchistas o escúchese el delirante discurso cotidiano de López Obrador, quien, cual Alex Lora de la política, viene repitiendo las mismas frases desde hace tres lustros (en ese sentido, no hay mucha diferencia entre "¡que viva el rocanroool!" y "la culpa la tiene la mafia en el poder"). Léase además el tipo de prensa amarillista y catastrofista que bajo el disfraz de un santurrón progresismo coopta buena parte de los medios impresos. Es una calamidad.

Mucha falta le hace a México una izquierda moderna, abierta, inteligente, cultivada y con planteamientos concretos en pro de las mayorías y las minorías. Pero mientras sigamos entre chuchos, pejes y sus adláteres, no se ve cómo pueda surgir. Vaya joda.


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