Cámara húngara

La conjura de los cínicos

Inestimado señor: le escribo la presente luego de ver todo el lío en que se encuentra usted metido y que le armaron algunos de sus más cercanos colaboradores, quienes se pasaron de listos y mostraron toda la corrupción en la que han vivido durante largos años.

Lo que me brinca es que usted trate de hacerse el occiso y diga que nada tiene que ver en el asunto, cuando es sabido que su conducta como cabeza principal de la organización que preside no ha sido la más ejemplar. Es usted un tipo tan astuto y taimado que cuesta trabajo creer en su inocencia y sobre todo que haya afirmado que nada sabía sobre las actividades ilícitas de sus más próximos.

Sé que maneja usted la imagen de alguien intachable, impoluto, incapaz de mancharse con el pétalo de una transa, y no solo eso, también utiliza el discurso de que hay que acabar a como dé lugar con la corrupción.

Ahora que es tiempo de elecciones, ha acentuado dicho discurso, aunque en los hechos su actuación lo contradiga. En cada temporada electoral, su ególatra soberbia ha hecho que pase por encima de cualquiera que represente un riesgo para su candidatura y no se ha detenido a la hora de dividir a su organización y hacer que muchos de los que eran sus aliados hayan tenido que marcharse. Pero eso sí: siempre trata de dar una apariencia bonachona y falsamente simpática, llena de dicharachos y frases repetidas.

Maneja usted a su oscura institución como si fuera el dueño y en los hechos lo es. Todo el dineral que ingresa, lo dispone para sus propios intereses políticos y para promover su populista y demagógica imagen a toda hora, en aras de cumplir ese sueño que lo tiene obsesionado desde hace lustros.

Si no es usted un corrupto, cuando menos sí es un cínico y poco parece importarle que aquel tesorero se haya ido a Las Vegas o que aquel allegado suyo haya llenado maletines de billetes atados con ligas.

En fin, nadie soy para cuestionarlo, solo quise desearle suerte porque la va a necesitar para salvar el pellejo. Que le sea leve, señor Joseph Blatter.

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