Cámara húngara

La Oposición Revolucionaria Institucional

Varios columnistas, de este y otros medios, solemos ser acremente cuestionados y constantemente insultados por comentar muy seguido acerca de un mismo personaje de la singular polaca nacional, ese tragicómico y peculiarísimo animal político que es el presidente y propietario del partido Morena y que responde al nombre de Andrés Manuel López Obrador.

Que si estamos obsesionados con él, que si nos pagan por atacarlo, que si recibimos órdenes desde Los Pinos, Gobernación, Televisa o algún oscuro sótano de la mafia en el poder para írnosle a la yugular, que si lo odiamos o le tenemos envidia, etcétera.

En mi caso no es así. Sencillamente, don Peje no se cansa de dar la nota y resulta difícil no comentar sus cada vez más delirantes ocurrencias, mismas que serían muy chistosas si no ocultaran una amenaza latente: la de la venezolización del país en caso de que alcanzara la Presidencia en 2018.

Sin embargo, lo que quiero comentar esta vez es un aspecto de AMLO en el que he estado meditando a últimas fechas y que es el de la manera objetiva como se traduce su manera de actuar, de declarar, de provocar. En pocas palabras, me pregunto si el papel de López Obrador no es el que parece, sino uno muy distinto, es decir, el de hacerse pasar por el más radical opositor del gobierno y en realidad trabajar para dividir a la izquierda y beneficiar a esa mafia en el poder que dice combatir. De ahí su eterno papel de opositor revolucionario institucional, un rol que parece acomodarle a las mil maravillas.

Seamos sinceros: ¿qué le conviene más a Andrés Manuel: alcanzar la primera magistratura y echarse ese desgastante paquetazo durante seis años o continuar con su muy lucrativa posición de opositor con partido propio, con todas las ventajas políticas y económicas que eso representa?

A menos que el hombre pretenda ambas cosas y que, una vez en la Presidencia, decidiera seguir los pasos de Hugo Chávez para cambiar la Constitución y perpetuarse en el poder, una tentación a la que son muy proclives ciertos líderes del continente.

Es mera política ficción..., pero toquemos madera.

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