Cámara húngara

‘El Piojo’ sí es como lo pintan

Si, como dicen, la cuerda se rompe siempre por lo más delgado, en el caso de Miguel Herrera, el famoso Piojo, ese dicho quedó más que corroborado. La agresión por la espalda contra el comentarista futbolero Christian Martinoli mostró la verdadera catadura del hasta hace unos días director técnico de la selección nacional de fut y reveló que lo más delgado de su cuerda era precisamente eso: su iracundia sin control, aderezada por un rencor revanchista que solo medio se calma con la venganza.

Anger Management (“Manejo de la ira”) se llama una serie protagonizada por el actor Charlie Sheen (otro colérico profesional) y eso fue lo que pasó con Herrera: no supo manejar su ira y no hubo quién lo asesorara para que no lo hiciera (eso de tener como consejera principal a su hija, la famosa Piojita, es como echarle gasolina al fuego).

Lamentable desde cualquier punto de vista, el golpe artero del Piojo —quien después del Mundial de Brasil se convirtió en el hombre más popular del país, aunque ahora ya El Chapo Guzmán logró desplazarlo— lo condujo de la gloria al infierno (para usar un lugar común) en cuestión de minutos. Le llevará un tiempo (aunque tal vez menos de lo que imaginamos) levantarse de la lona y volver a dirigir (Nacho Ambriz tiene la palabra), pero su aureola de ídolo popular, por muy artificiosa y prefabricada que fuese, no la recobrará.

En este México del siglo XXI, paradójicamente seguimos estacionados en el XX, si no es que en el XIX. Un tipo macho, tosco, dicharachero, soberbio, vulgar, peleonero, retador y maleducado, un vivales bravero e irresponsable puede llegar a ser admirado y hasta idolatrado por las masas. Pero uno que ataca por detrás y luego trata de negarlo con cobardía ya no es tan bien visto. Por eso y por otras cosas no podían sostener a Herrera en su puesto (aunque haya Niños Fidencios tropicales que en su delirio aseguran que lo corrieron por órdenes de Peña Nieto, Osorio Chong y Videgaray, hágame usted el piojoso favor).

Triste historia la de Miguel Herrera y sus 15 minutos (bueno, un poquito más) de fama: El Piojo sí es como lo pintan.

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