Cámara húngara

Misterios sin resolver

El mundo entero se ha visto envuelto por el misterio del avión de Malaysia Airlines que se perdió en los mares del sur, sin que alguien atine a explicarse cómo fue que tal cosa sucedió. Sin embargo, en México también tenemos nuestros propios enigmas, tanto o más insolubles que los de la aeronave malaya.

Como el misterio de la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo Metro, por ejemplo, en el que nadie sabe nadie supo y lo único claro es que no hay quien quiera ser tocado por el pétalo de una responsabilidad y todos se pasan alegremente la bolita (aunque en el fondo parece subyacer una soterrada guerra política entre Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera). Mientras tanto, medio millón de pasajeros pasan las de Caín todos los días para transportarse por nuestra alegre ciudad.

Otro misterio grande: el del encarcelamiento de Hipólito Mora en Michoacán, quien era hasta hace muy poco el principal vocero de los grupos de autodefensa y un connotado enemigo de Los caballeros templarios. El hombre se miraba como una persona honrada y confiable, pero de pronto fue convertido en inesperado villano. Cuando menos en la percepción pública, como que don Hipólito no encaja en el papel de malo, mientras que otros que sí parecen más dotados para ese rol se convierten en dueños de la situación en Tierra Caliente. ¿Cómo fue que sucedió eso? Misterio.

Un enigma más: el del dueño de un diario que acepta las presiones de la directora de otro diario y provoca no solo la defección de colaboradores, sino del propio director del medio. Lo que sucedió en el periódico La Razón, con la renuncia de Pablo Hiriart, Fernando  Escalante, Salvador Camarena, Gil Gamés y otros es el imperio de la sinrazón. ¿Qué hay detrás de ello, de qué magnitud fueron las presiones o amenazas jornaderas? ¿En verdad la revolución bolivariana y Nicolás Maduro ya influyen en el periodismo mexicano hasta ese grado? Qué cosa tan más siniestra. De dar miedo.

Misterios sin resolver de la vida nacional en estos tiempos que, como diría Lillian Hellman, son tiempos de canallas.

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