El país de las maravillas

Entre el tedio, las elecciones y los baches

Al menos temporalmente se alejaron el frío y la lluvia, y esta ciudad volvió a los días bipolares de mañana y noches frescas con tardes sofocantes.

Pero el año y la veda electoral han callado el cacareo vacuo de las obras e inauguraciones de cada día, convirtiendo en nota de portada el inicio del bacheo en las calles más laceradas por el drip-drip por las lluvias.

¿Qué hay de nuevo? Las promesas de los chorromil candidatos, tan vacías como sus mensajes lacios y sus sonrisas de tres pesos, y las rancheradas de una ciudad que se sueña metropolitana, pero cuyos vigilantes consideran que dos hombres tomados de la mano son una amenaza a la moral y las buenas costumbres.

Estamos tan ciclados en la inopia mental que un tira-tira entre Mauricio Fernández y el general Alfredo Gómez es el pellejo más suculento del que puede uno prenderse en busca de emoción. ¿Para qué hacernos tontos, si vivimos en una metrópoli que a Mauricio le perdona todo? Me recuerda a don Fidel Velázquez, capaz de desmentirse a sí mismo de un día para otro sin mover un músculo fosilizado. Claro: todo se reduce a golpes mediáticos, y The Mayor sigue tan campante.

La Marina sigue cosechando narquetos de diversa laya entre las exclusivas callejas del reino de San Pedro, blindado por definición, y de pronto descubro la causa de tan inane jornada en una nota que presume el arranque del periodo vacacional.

¡Con razón! Si hasta ahora las campañas lucen desangeladas y apáticas, en la próxima quincena languidecerán hasta agostarse, porque la mente del regio estará pensando, según su rango, en las delicias de la Riviera Maya o del Parque España: en otras palabras, entre la pobreza de las campañas, la veda informativa del Gobierno, las vacaciones y el desperezarse de una ciudad harta de la lluvia, se nos vendrán encima días largos como la Cuaresma (¡faltaba más!), vacíos de contenido, en una ciudad pujando por mudarse a la playa.

Si yo fuera una persona alegre, diría que en mi porvenir se avizoran jornadas llenas de tedio holgazán. Pero como Julio Camba dijo que para los hombres tristes no existen el tedio ni la pena, pues son "cosas exclusivas de los hombres alegres", tendré que resignarme a ni siquiera decirme abatido por el tedio.

Hay semanas así, qué se le va a hacer.

 horacio.salazar@milenio.com