El país de las maravillas

¿Esas son las reformas "positivas"?

Eduardo Arguijo es el diputado que coordina la fracción del Partido de la Revolución Democrática en el Congreso de Nuevo León. Digo esto con toda la sorna que me provoca la dicha fracción, con un coordinador denostado por los propios perredistas por sus manejos municipales, y un coordinador (Erick Godar Ureña Frausto) que volvió al redil después de un año de andar jugando al independiente.

Bueno, pues el dicho coordinador (je je) dijo ayer que la reforma electoral, así con minúsculas, tiene aspectos positivos.

A este comentario responderé con llaneza que me parece de lo más estúpido. Tanto la cacarearon a nivel federal y estatal, tantas vueltas le dieron, tanto presumieron haberla negociado, que algo bueno habría de tener. No verlo así significaría decir que todos los legisladores del país, federales y estatales, fueron unánimemente idiotas como para aprobar una reforma sin un solo aspecto positivo.

Pero más allá de este pequeño rebuzno, mire nada más los casos que citó Arguijo para ejemplificar lo positivo de la reforma.

Primero, que la designación de los magistrados del Tribunal Electoral de Nuevo León se hará desde el Senado. Al legislador perredista se le hizo un progreso que la elección de funcionarios a cargo de sancionar procesos estatales se haga desde una instancia federal.

Según él, esto evitará que el Gobierno del Estado pueda controlar a los magistrados.

¿Le digo algo? Por mí, que los controle el Gobierno del Estado o el de Perros Bravos. Yo aplaudiría que alguien controlara la incontinencia verbal de estos legisladores que no legislan ni declaran con dos neuronas conectadas.

¿Otra de las ventajas de la reforma, según Arguijo? Que desde el INE se hará el proceso para elegir a los consejeros de la Comisión Estatal Electoral. Nuevamente, que una instancia local sea definida desde el centro.

También le parece aplaudible que la reforma ponga el delito electoral al mismo nivel delictivo que un secuestro, una extorsión, un parricidio. ¡Imagínese usted! Ya veremos el nacimiento de una nueva industria: la guerra electoral sucia, inventando delitos electorales para sacar del juego a los rivales.

Yo quisiera decirle al diputado Arguijo que esas características que denomina positivas reflejan con claridad una cosa: que en Nuevo León la política, la política de altura del Zoon politikon de que hablaba Aristóteles, está hundida en el fracaso más absoluto.

Tener que convertir el mapacheo en delito constitucional significa que las autoridades electorales han sido incapaces de contener el marranerío de toda la plebe de baja estofa que medra y se nutre de los procesos electorales cada tres o seis años. Ceder el control de los organismos de control locales ante instancias federales cuya efectividad y eficacia todavía está por verse es lo mismo.

Peor, porque una cosa sí sabemos de cierto: sea o no mejor el INE que el IFE, funcione mejor o no, sí nos saldrá más caro a los ciudadanos. Como nos salen caros diputados que ni legislan ni piensan pero sí hablan. Más escucho a los políticos, más quiero a mi perro (que no tengo).

horacio.salazar@milenio.com