El país de las maravillas

La primera gobernadora

¿Será melón o será sandía? ¿Será Ivonne o será Margarita? Del plato a la boca se cae la sopa y todavía podría ocurrir que nos quedáramos sin el desenlace esperable, que es el de que el próximo sexenio el Poder Ejecutivo en Nuevo León esté encabezado por una mujer.

Mi temor es justamente que el Poder Ejecutivo no lo ejerza una mujer. Y como esto no está precisamente claro, me explicaré brevemente.

He leído comentarios indicando que si una de estas dos damas gana la gubernatura, en realidad será una carátula hermosa de intereses oscuros de grupos que ya tienen distintas clases de poder. Que serían simples prestanombres del poder. Masculino, claro.

He leído también comentarios demeritando las capacidades de ambas políticas: ni Margarita ni Ivonne, dicen con malevolencia estos comentarios, están capacitadas para gobernar Nuevo León.

Ninguna de estas dos posturas se sostiene.

La primera supone que la senadora con licencia y la alcaldesa con licencia son meros títeres y que no tienen agenda propia. Esto puede ser cierto en parte, pero no olvidemos algo clave: siempre ha sido cierto, siempre, con políticos varones: no necesariamente que actúen como peleles (aunque algunos sí), sino que siempre tienen, siempre han tenido compromisos con poderes ocultos. Ningún político en Nuevo León ha llegado a los primeros cargos por sus capacidades de estadista: todos han llegado con una enorme deuda que han debido pagar de modos no precisamente santos. ¿Cuál sería la diferencia?

La segunda postura se basa en la premisa de que hace falta alguna formación específica para dar buenos resultados. Yo pregunto: ¿Todos esos doctorados y diplomas, esos cursos en Harvard o en París o en donde sea se han traducido en administraciones exitosas para el pueblo? A la hora de la verdad, todos han salido más o menos forrados, y no precisamente por su calidad académica.

Pero esta última premisa también se basa en que los principios electorales de hoy son los mismos que los del siglo pasado, y esto es cierto sólo en parte. Los políticos de antes ya no entienden cómo funcionan las cosas: ahí está como prueba Fernando Margáin, convertido en el **Peje** del PAN, arguyendo complots en su contra y evidenciando una triste insuficiencia en sus dotes de persuasión.

Nunca los antecedentes han tenido una relación lineal con los resultados; hemos tenido toda clase de varones en la Silla Mayor: con bigote y sin bigote, jóvenes y veteranos, forjados en las aulas del más alto retintín y forjados en las grillas estatales o nacionales. Y los resultados han sido buenos, en el sentido de que aquí estamos, pero siempre han quedado por debajo, muy por debajo de las expectativas.

Yo creo que, salvo marrullerías mayores, tendremos una gobernadora. Y ahora insisto en mi temor: que la gubernatura no la ejerza una mujer. Y con esto lo que quiero decir es que, ya con el poder en la mano, en Nuevo León y en México muchas mujeres han demostrado que un político y una política son aves del mismo plumaje: temo que la ganadora actúe como una política con faldas, no como una mujer gobernadora. No son lo mismo.

horacio.salazar@milenio.com