El país de las maravillas

Nuestros políticos se creen la divina pomada

Cualquier excusa vale para que los políticos de nuestras latitudes conviertan la arena pública en una muestra de varias realidades penosas: una, la de que se sienten más allá del bien y del mal; otra, la de que creen que nosotros, los ciudadanos sin curul ni cartera, carecemos de neuronas; una más, que le dicen interés público a lo que no es sino el interés de ellos mismos como personas y de su partido como entidad que ampara sus sandeces.

Ejemplo. El pasado septiembre, hartos de que los reporteros los balconearan como frívolos, haraganes o simplemente desatentos, los diputados de la Legislatura actual pusieron una barrera opaca para taparse la retaguardia. ¿Y la excusa? En palabras de Francisco Cienfuegos, resaltar aspectos de los municipios de Nuevo León.

Con todo respeto para mi amigo Paco Cienfuegos, si yo fuera municipio, le mentaría la madre a los legisladores por semejante resalte, una vil placa opaca con un escudo que no conocen ni los residentes de los municipios. Alguien más había dicho que aún faltaba poner esos otros aspectos, me imagino que algunos datos relevantes o qué se yo, pero entre más vueltas le dan a la excusa, más tonta parece.

En serio, si un acrílico macuarro es lo mejor que se les ocurre a los legisladores para honrar a quienes les dieron su curul, ya podemos imaginar qué otras cosas podrán pergeñar con la neurona que apenas logran reunir entre todos. Dicho de otro modo, reaccionaron con el hígado a recriminaciones válidas, y luego de meter las cuatro, quisieron tapar el entuerto con versiones a cual más patéticas.

Otro ejemplo. Como se aproximan fechas importantes para sacar la cabeza y apuntarse en las carreras por las candidaturas, los políticos andan inventando todo lo que pueden por demostrarle a la población que están de su lado, que ellos son la neta del planeta y que los del partido rival son una farsa.

Fue así que diputados del PRI se sacaron del magín un punto de acuerdo para exhortar a los municipios del área metropolitana de Monterrey a realizar operativos encubiertos para frenar a los cacos.

Tres alcaldes del PAN imaginaron que esa medida les atraería popularidad entre votantes potenciales, y se pusieron a hacerlo. Pero en vez de aplicar los operativos y, en caso de funcionar, contentarse con tener mejores resultados, tuvieron que irse de la lengua y presumirlo en público.

Pero tanto a los legisladores (¡vergüenza les había de dar!) como a los alcaldes se les olvidó un principio fundamental del ejercicio público, que es la regla de que no se puede combatir un delito cometiendo otro. Si leen el artículo 126 de la Ley de Seguridad Pública para el Estado de Nuevo León verán que las Policías preventivas, tanto las estatales como las municipales, “deberán actuar en condiciones que hagan visible y notoria su identidad y presencia en los lugares públicos”. Eso de policías encubiertos es una ilegalidad flagrante, y acusar a Aldo Fasci de buscar los reflectores, aunque pueda ser cierto, no exime a los funcionarios y a los diputados de culpa.

horacio.salazar@milenio.com