El país de las maravillas

¿Y... dónde están los policías?

El tira-tira entre el Gobierno del Estado y el municipio de Monterrey a propósito de los elementos de la Policía municipal es una clara muestra de lo que puede ocurrir cuando dos instancias del Poder Ejecutivo se dedican a hacer partidismo en vez de cumplir con sus funciones. Se pierde la brújula y se abre la puerta para que uno que otro picudo grite “¡Al lobo!” y convierta la zacapela en botín para su propio morral.

Lo peor del caso es que por el momento la segunda o tercera ciudad más importante del país, una ciudad cuya policía preventiva ni siquiera tiene responsabilidad en toda su demarcación, tampoco las tiene todas consigo en cuanto a la legalidad de sus elementos.

En otras palabras, nadie sabe cuántos policías tiene Monterrey, qué preparación recibieron, qué certificación recibieron (porque ya está claro que se trata de cosas distintas), quiénes tienen porte de armas y quiénes andan “protegiendo” a la ciudad tan inermes como los ciudadanos. ¡Qué bochorno!

Veamos lo que sí sabemos. Sabemos que del total, 272 tienen títulos expedidos por la instancia oficial, que es la Universidad de Ciencias de la Seguridad (UCS). No sabemos si esos 272 elementos fueron acreditados por la UCS aunque estudiaron en la Academia municipal, si estudiaron el curso básico de la UCS y por eso tienen su título, o si son de los que adiestró la Marina. Sólo que hay 272 con licencia oficial (válida por dos años) para ser policías.

Luego la alcaldesa Margarita Arellanes y la secretaria del Ayuntamiento, Sandra Pámanes, se hicieron bolas. La primera había presumido de que la Academia municipal, una especie de sucursal de la UCS, se habían graduado más de 500 elementos... pero a la hora de las cuentas Pámanes dijo que los 500 habían sido adiestrados por marinos y que 273 elementos se formaron en tres generaciones de la Academia municipal.

Dejando de lado el hecho de que no es lo mismo 272 que 273, otro dato que existe oficialmente es que, al corte del 6 de febrero, Monterrey tenía en sus filas mil 58 elementos activos. Un dato más de esa misma fecha dice que hay 534 con licencia de porte de arma.

Si damos por buena la cifra total, resulta que hay 524 policías circulando sin armas, o para ser más precisos, que hay 524 policías activos que no tienen una licencia para portar arma: no sabemos cuántos policías andan en la calle con armas.

Es más: no sabemos si los que tienen licencia para andar armados son los que adiestró la Marina más unos pocos más, o si son todos los cadetes egresados de la Academia más una parte de los formados por marinos, o cómo está hecha la mezcla.

Es cierto que no se puede simplemente sacar a la luz pública la lista de elementos con nombres, papeles y demás, porque todavía no está el horno para bollos, pero en esto sí tiene razón el gobernador Rodrigo Medina: el estado tiene que tener todo esto claro.

En lo que no tiene razón es en culpar de ello exclusivamente a las autoridades municipales. Margarita ha sido culpable por omisión, pero también Rodrigo lo ha sido por dejar que la situación evolucione sin actuar. Tarjeta amarilla para los dos por manejar tan burdamente un asunto tan relevante.  

horacio.salazar@milenio.com