El país de las maravillas

¿Será la nueva ley de aguas una puñalada trapera?

Como Walt Whitman, aunque sin su grandeza, yo también me contradigo. Apenas la semana pasada anuncié que dejaría en paz a todo mundo con el asunto del agua, pero aquí estoy de nuevo, terco y listo para recaer en el vicio.

De verdad, les aseguro que tenía toda la intención de pasar a otros asuntos, que la agenda de una ciudad como Monterrey y un estado como Nuevo León ciertamente tienen otros temas dignos de discutirse.

Pero cambié de parecer en cuanto leí dos notas de Agustín del Castillo que aparecieron en MILENIO Jalisco, y en las que este reportero especializado en temas ambientales desmenuza un análisis que le entregó el consultor Miguel Ángel Montoya.

Está en juego el futuro del país. Por ahí viene la pelota. Y es que después de muchos movimientos y maniobras, está por discutirse una nueva Ley General de Aguas que abrogará la actual Ley de Aguas Nacionales y que, en palabras de este experto, convertirá en privado el aprovechamiento, o más bien la expoliación, de las aguas en todo el país.

Son dos los artículos de Agustín (http://bit.ly/1AtDdyx y http://bit.ly/1vjg174) en los que el experto explica con pelos y señales por qué la iniciativa presidencial (a la que por cierto se opone una iniciativa parecida presentada por organismos ciudadanos), así que no entraré aquí en detalles acerca de sus argumentos.

Lo que sí diré es el meollo: si el experto tiene razón, y eso es algo que vale la pena discutir abiertamente, entonces el nuevo código federal permitirá que el titular de una concesión, por ejemplo Nuevo León, transfiera al operador de un proyecto (el constructor del acueducto) las bondades de una concesión.

Un corolario de esto sería que, mientras esté dentro de los parámetros de la concesión, el operador podría entregar al titular de la concesión el volumen pactado, pero seguir sacando de la cuenca el agua restante y vendérsela al mejor postor, léase una empresa que se dedique a la fractura hidráulica.

Si esto es cierto, no es gratuito que le quitaran a la iniciativa presidencial el adjetivo “Nacionales”, pues las aguas de México serían más bien privadas, y se explotarían usando permisos arbitrarios y bajo esquemas de regulación guajiros o de plano inexistentes. Esto NO debe pasar. NO.

horacio.salazar@milenio.com