El país de las maravillas

La movilidad que aún no llega

En varias de nuestras conversaciones de los últimos años, el secretario de Desarrollo Sustentable de Nuevo León, Fernando Gutiérrez Moreno, me ha dicho algo que también ha repetido mucho en público: que la clave no es controlar el parque vehicular ni construir vialidades a lo tonto, sino garantizar la movilidad de la población.

El esquema original contempla a la gente transportándose mejor gracias a las líneas 1, 2 y 3 del Metro (la 3 apenas en embrión), a las redes alimentadoras de los sistemas TransMetro y Metrobús, y por supuesto a la Ecovía inicial quizás extendida gracias a la Ecovía 2.

Y bueno, el sexenio todavía no termina, pero la movilidad tampoco ha llegado. Es cierto que mejoró la fluidez en muchos ejes, pero ahora andan con el brete de buscar un tren de alta velocidad que guajiramente cubriría hecho la raya una ruta DF-Querétaro-Monterrey-San Antonio-Austin-Dallas-Oklahoma. Tentativamente, a Nuevo León le tocaría pagar una feriecilla, mil 500 millones de dólares para el tramo entre Monterrey y Colombia.

Yo no tengo muy claro cuál es la causa, pero sigo viendo la movilidad soñada mucho más allá del futuro previsible (y pagable). Me imagino que tiene que ver con el hecho de que la realidad real está llena de baches y atorones.

Primero habría que ver si en verdad a fines de enero funciona el primer tramo de Ecovía. Puede que sí, pero eso beneficiará sobre todo a un sector de la mancha urbana que queda muy lejos de mis andares.

Luego hay que ver en qué queda el tango de las tarifas del transporte, que todavía trae encuerdados a legisladores del PAN y del PRI (principalmente), a reguladores (Agencia Estatal del Transporte) y a transportistas y vendedores de la tarjeta Feria. Por lo pronto la cosa evoluciona, aunque fuerza es decir que nunca funcionó porque la gente estuviera convencida: empieza a moverse porque la cuota de castigo estuvo infame; le vendieron a la ciudadanía una tarjeta optativa y luego convirtieron en ciudadanos de segunda a quienes no la compraran.

Pero además en las últimas semanas la movilidad ha estado del carajo por una razón más simple. Desde octubre o noviembre, varios municipios iniciaron proyectos de recarpeteo que me imagino buscaban vender la idea de que estaban trabajando. Luego llegaron las lluvias e hicieron cisco parte del avance, además de aportar su propia dosis de agujeros en el pavimento. El frío aletargó las obras y cuando al fin se fue, volvieron los asfaltadores y convirtieron las avenidas en estacionamientos en los horarios consabidos: por la mañana, a mediodía y a la salida del trabajo.

Mención especial merecen los de la obra de Mederos, en Lázaro Cárdenas, porque clausuraron dos de las rutas alimentadoras de Lázaro Cárdenas, obligando a todo el tráfico a seguir una sola vía que por supuesto siempre está hasta las chanclas.

¿Movilidad? Sí, es algo deseable, pero creeré en ella cuando la vea, y por lo pronto, los atorones viales son apenas una daga más en la espalda de nuestra tradicional cuesta de enero. Ouch.

horacio.salazar@milenio.com