El país de las maravillas

La memoria, Borges y Reyes: 2014

Por razones familiares, le tengo pavor al olvido. Se me antoja el vestíbulo de la disolución mental. Cada que no recuerdo dónde dejé unas llaves, un libro u otro objeto, sufro y me angustio. Es parte de la vida.

El otro día vi por azar un capítulo de la serie televisiva Unforgettable, y el tema era una cadena de crímenes en la que se implicó a un grupo de privilegiados con memoria eidética, capaces de recordarlo todo.

Me acordé, cómo no hacerlo, del Funes que describió Borges, que también tenía una memoria total, y luego me encontré un texto que escribió Braulio Hornedo hace ocho años en una revista morelense: “Reyes el memorioso”. El autor habla ahí de la amistad entre los dos escritores, Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes, y termina con el fenomenal poema que el argentino dedicó a su mentor regiomontano, “In memoriam”.

Cuando leí aquel poema en mis años mozos, la mayoría de las referencias del texto me pasaron de noche. En mi descargo no puedo culpar sino a mi propio estilo de lectura, que es desgarbado y superficial. Así y todo, algunos cuartetos me dejaron huella:

“Supo bien aquel arte que ninguno/ supo del todo, ni Simbad ni Ulises,/ que es pasar de un país a otros países/ y estar íntegramente en cada uno”. Versos impecables que tocan a la vez el trabajo diplomático de don Alfonso y su universalidad literaria.

“Reyes, la indescifrable providencia/ que administra lo pródigo y lo parco/ nos dio a los unos el sector o el arco,/ pero a ti la total circunferencia”. Borges se decía limitado frente a la vastedad de Reyes.

“Vastos y delicados esplendores/ logró tu estilo, esa precisa rosa”... En aquellos tiempos no vi, y sigo sin ver clara la precisión estilística que captó el argentino...

El texto de Hornedo cita a la nieta de don Alfonso, guardiana de la Capilla Alfonsina, quien evoca a su abuelo y dice que sin duda tenía una memoria privilegiada, pero no leía como yo: “Reyes leía con máxima atención aunque con rapidez extraordinaria: hojeando un libro recién llegado, pasaba las páginas de modo que parecía no haber podido leer sino algunas cuantas y salteadas líneas, pero de repente, levantando la vista, hacía algún comentario que demostraba lo mucho que se había enterado del contenido, en aquellos minutos que uno creería apenas bastantes para un menos que superficial ojeo”.

He llegado en mi vida a un momento en el que regreso mucho al pasado. Releo más de lo que leo, y acaso esté en mi segunda infancia (aunque lenguas hay que me acusan de nunca haber dejado la primera), así que he tomado una decisión simple: en el año que está por venir me aplicaré con cuidado a leer a Reyes. Tal vez así pueda desgranar totalmente la mazorca del poema de Borges; tal vez encuentre esa tersura y calidad que, opinan varios, no pueden hallarse en una antología o resumen, porque están imbricadas en la totalidad de la obra de Reyes. O a lo mejor no encuentro nada, pero al menos conoceré de primera mano a don Alfonso. Deséenme suerte. ¡Y feliz 2014!

horacio.salazar@milenio.com