El país de las maravillas

¿Es un mal síntoma el cierre de casinos?

En mis 57 años de vida he ido cuatro veces a un casino.

Y digo a uno porque fui al Palmas Cumbres, que ahorita está cerrado por una decisión federal.

Fui dos veces por razones gastronómicas (a mover la mandíbula), una por razones lúdicas (a escuchar el concierto de Air Supply) y una por razones de curiosidad: comprender las mil minucias de lo que significa operar una casa de apuestas.

La última ocasión citada no vi a nadie jugando, porque el casino aún no abría. En las otras tres sí vi a señoras y señores abstraídos en el afán de tentar a la suerte intentando ganarle a la ley de probabilidades.

Ahora no es posible ir, pues Gobernación revocó la licencia de la empresa permisionaria, Entretenimiento de México, bajo una excusa baladí: quesque en un municipio donde operaban tienen un documento que firmó un funcionario municipal cuya firma no vale.

Supongo que el asunto debe ventilarse en las instancias judiciales, pero quiero poner sobre la mesa una opinión sobre el tema. Aclaro de entrada que yo no apuesto ni me atrae la idea de tratar de ganar dinero en una maquinita.

Está claro que la Ley de Juegos y Sorteos que rige la operación de estos y otros establecimientos es totalmente obsoleta. Está claro que la operación de cientos de casinos en el país está sumida en una densa capa de opacidad que de seguro oculta muchos intereses. Pero no creo que esto se resuelva revocando permisos.

Me explico. Si eso hace la autoridad por una firma mal puesta que ni siquiera han verificado (porque el plazo de revisión ni siquiera ha vencido), imagínese cuántos negocios habría que cerrar en el país.

Decir que esta es una decisión de la autoridad judicial y no del Poder Ejecutivo es una ingenuidad del tamaño del mundo: me perdonarán los magistrados limpios que sin duda abundan, pero ningún juez en este país se avienta una cosa así sin la línea directa de Mero Arriba.

Se trata indudablemente de un acto de autoridad ejecutiva, uno más de los modos en que el PRI está dejando en claro que, después de dos sexenios fuera de la jugada, volvió por sus fueros: que quede claro quién manda aquí.

Pero es una movida a destiempo y mal orientada. Si en verdad el PRI manda aquí, que lo pruebe con hechos en Tamaulipas, donde la ciudadanía ya se resignó a que el gobernador hable puras vaguedades mientras circula por el estado rodeado de un pequeño ejército.

Que lo pruebe contra los gremios que tienen en la mano no el juego, sino el progreso del país, como el magisterial o el petrolero. Que lo pruebe contra las marranadas de sus propios elementos, como el Zar de la Basura en el Distrito Federal, que anda volando bajo mientras se disipa el ruido, impune pese a las pruebas.

Pero no: es más fácil cerrar un negocio dudoso pero legítimo que controlar su operación. Y hacerlo usando una excusa tan tenue que revela la inopia legal en que se mueve el sector.

Lo malo es que esto emite un mensaje claro a mucha posible inversión extranjera: métele millones acá, pero conste: si algo de tu accionar no me gusta, olvídate de la ley, que con cualquier excusa te arruino la inversión..Venezuela en México. Pregúntenle a Vitro, o a FEMSA.

horacio.salazar@milenio.com