El país de las maravillas

El panfleto independiente

Desde hace tiempo que el periodismo impreso está en crisis, perdiendo terreno frente a fuentes informativas vinculadas al ambiente digital.

Y es que no están ustedes para saberlo, pero yo sí para contarlo: hacer un periódico no es tarea sencilla. Armonizar las necesidades de una empresa con las necesidades de la comunidad a la que se sirve, no siempre es algo que se logre bien en el día a día.

Ese producto hecho un día sí y otro también involucra el concurso de muchas personas: los más visibles son los reporteros y fotógrafos, que captan el latido de la comunidad directamente; en la sala de redacción están los editores, que recuperan todas las notas y las convierten en un producto terminado con la ayuda de diseñadores y más personal técnico. Y no termina ahí la cosa: cada periódico incluye entre sus espacios publicidad que alguien vende, y cada periódico es distribuido en su zona de reparto por gente que madruga para acercarlo a sus manos.

No hay ningún periódico perfecto, pero me atrevo a decir que los serios hacemos el mejor esfuerzo por poner ante el lector una visión coherente de la sociedad, y todos competimos por su atención, queridos lectores. Y en una sociedad correctamente armada, cada persona elige entre la oferta periodística y expresa su preferencia comprando el diario que quiera.

Todo esto cuesta dinero, y que todos batallamos para lograr la rentabilidad lo prueba el hecho de que a veces resulta necesario apretarse el cinturón y hacer más con menos.

En este ámbito de competencia, la aparición de una cosa llamada La Voz Independiente es un verdadero despropósito, un ejemplo más de lo torcida que tiene la brújula esa pandilla que gracias al descontento ciudadano se instaló en el Gobierno del Estado.

La Voz Independiente no puede calificarse sino como propaganda. Eso no es periodismo, por más que se usen recursos periodísticos, porque el medio de marras ofrece una visión a modo. ¿Voz independiente? Me gustaría ver en sus páginas una crítica a la gira que recién culminó ya saben quién y que permitió a un grupo de consortes turistear en Corea y China.

La Voz Independiente es una deformación patológica nacida de un funcionario que rompió con los medios por no pagar los costos que otros sí pagan, y que ahora profiere su versión de su propio trabajo no con dinero propio, como todos los empresarios periodísticos del estado, sino con el dinero de una sociedad a la que se sigue exprimiendo y chantajeando con la cantaleta de que no hay recursos... justo después de cacarear ahorros inmensos. Guácala.

horacio.salazar@milenio.com