El país de las maravillas

La jalada del derecho a la vida

Apenas se voltea uno tantito y la moralina medieval asoma su fea cabeza en los ámbitos más insospechados, como acaba de ocurrir en fast-track en el Congreso del Estado. En esencia, el asunto se puede plantear fácil: para los diputados Francisco Treviño Cabello y Carolina Garza, una prioridad digna de la mayor atención es que se legisle sobre lo que llaman el derecho a la vida.

Veamos. Para empezar, es como mínimo una trampa y más probablemente una sandez. Es cierto, aprendieron de las sectas fanáticas el valor de la palabra: al usar el nombre “derecho a la vida” para su iniciativa, están sugiriendo que quien se oponga a la iniciativa está en contra de la vida, una falacia terrible en un Congreso lleno de gente urgida de probar su corrección política.

Yo no estoy de acuerdo con su iniciativa ni tampoco con que se le llame derecho a la vida. Es una iniciativa para criminalizar o segregar a las mujeres que quieran abortar, por más que la disfracen. Yo estoy de acuerdo en que se legisle para proteger la vida. La vida. Es decir, a la persona. Pero no me vengan con que un embrión de 48 horas es un ser vivo con derechos inalienables. Ni me salgan con la burrada de que es algo ya probado por la ciencia.

Sé que el tema es delicado y comparto los escrúpulos de quienes creen que se debe tocar con sensibilidad e inteligencia. Pero que no nos vendan su falsa bondad y nuestra falsa maldad enfundados en argumentos religiosos disfrazados de civilidad.

Desde que empezaron las discusiones, los defensores de que hay vida desde la concepción han dicho que no se trata de criminalizar a las mujeres, pero están documentados los casos de mujeres que han sido encarceladas por abortar.

¿Quieren defender la vida? A ver, que todos los diputados a favor de la vida entreguen su papelería para adoptar a uno o varios de los muchos menores que están en el limbo de alguna institución pública, casi siempre por razones trágicas de las que no tienen culpa. Así lograrán proteger vidas reales condenadas de otro modo a un futuro incierto.

Pero no: en vez de concentrarse en su labor fundamental, que es encontrar consensos y formar marcos de trabajo que permitan a la sociedad evolucionar, nos machacan con sus moralinas hipócritas y se horrorizan cuando se enteran de que uno no está de acuerdo con proteger a un óvulo fecundado.

Lo más probable es que detrás de esto haya cosas más sucias que su cacareada pureza: ¿el PRI está de acuerdo con esta sandez? Habrá que pensar entonces que a lo mejor fue el precio pactado para sacar adelante alguna otra iniciativa.

La política se está convirtiendo en el arte de construir cortinas de humo para fingir que se trabaja y se cumple. En las fotos están los diputados con cara de serios y muy formalitos levantando la mano para aprobar en comisiones este presunto derecho a la vida. Qué trabajadores.

Esto me parece tan pertinente para las urgencias civiles como lo que anunció el director del Instituto de Control Vehicular: no pueden ni controlar las placas que emiten, pero ya nos presumieron de poder entregar licencias de manejo en ciudades de Texas. Otra jalada.

horacio.salazar@milenio.com