El país de las maravillas

Un gerente para Monterrey

Hace un par de días, Evolución Mexicana, en voz de Tatiana Clouthier, y Vertebra, representada por Malaquías Aguirre, retomaron algo que ya habían planteado meses atrás el diputado federal panista Alfonso Robledo y el dirigente de Movilidad Vial Ciudadana, Érvey Cuéllar.

Todos ellos, a lo mejor puestos de acuerdo, están impulsando la idea de adaptar a nuestras latitudes la figura del city manager que funciona, por ejemplo, en Estados Unidos, Brasil, Canadá, Chile...

Por lo que entendí, aplicado a Monterrey esto significaría tener un cargo político, el de alcalde (alcaldesa, perdón), y uno administrativo, el de gerente (o gerenta) de la ciudad.

La separación funcional suena interesante: la alcaldesa fijaría el rumbo a seguir, definiendo los objetivos de la ciudad; una vez determinado el rumbo y los objetivos, la gerenta diseñaría las estrategias para alcanzar dichos objetivos, administrando los recursos necesarios para implementarlos.

Según los proponentes, esta separación de cargos evitaría que la distracción del futurismo político le pegara a la gestión de los servicios públicos, de modo que la ciudad estaría mejor atendida.

El gerente sería pues un empleado de la ciudad, como en teoría lo es el alcalde, pero me imagino que la diferencia es que el gerente sería contratado, no electo. Y claro, si el gerente no hiciera bien su trabajo podría ser despedido (¡no nos den ideas!).

Supongo que ya pensaron todo esto bien a fondo, pero me quedan algunas dudas en el magín, y quiero ventilarlas aquí abiertamente, no porque sea un criticón de siete suelas (¡qué va, jamás de los jamases!), sino porque quiero tener más claro este asunto.

Por ejemplo. ¿Cómo se resolvería un asuntillo del siguiente tipo? El alcalde político dice: “El rumbo de la ciudad exige que se construya aquí un paso deprimido”. El alcalde administrativo responde: “Correcto. Esto cuesta mil”. El alcalde político dice: “Tienes 500”. “No se puede”. “Entonces me busco un gerente que sí pueda”. Y se encuentra a un gerente que la obra de mil la hace por 200 y se clava 300. Y la ciudad tiene una obra con calidad de 200 en vez de mil.

¿Demasiado escepticismo? ¿Qué, no creen que algo así pudiera ocurrir? ¿No creen que algo así ya ocurre en las condiciones actuales? ¿De dónde salen entonces las obras que en un mes se llenan de agujeros, o que requieren bacheo continuo (pues en el bacheo está el ganeo, claro)?

Ahora pensemos en un problema de otra naturaleza. Monterrey ya tiene su gerente. O gerenta, mejor. Llega la hora de hacer un proyecto que comprende también a Guadalupe. O a San Nicolás. O a Santa Catarina. Se requieren cambios legales para dar a la gerenta facultades de gestión con otros poderes municipales. Y resulta que el alcalde de Santa Catarina, que es a la vez político y administrador, tendrá que ver unas cosas con una alcaldesa y otras cosas con otra alcaldesa.

Y así siguen las dudas. Una buena idea, pero hay que quitar las malezas.

horacio.salazar@milenio.com