El país de las maravillas

La fortuna de mi libro

El 30 de julio de 2006, o sea hace unos ocho años, Random House publicó, bajo el sello Debate, mi viejo libro El ombligo de Edipo. No recuerdo de cuántos ejemplares constaba la edición, porque no me queda ninguno, pero a como están y estaban las cosas, no creo que fueran más allá de unos tres mil libros. Fue un periodo emocionante, porque me consiguieron algunas entrevistas y unos cuantos incluso las publicaron. Las guardé por un tiempo y luego desaparecieron en el caos de mis papeles.

Recordé esto porque hace unos días, mi amigo Braulio Peralta publicó en el suplemento Laberinto de MILENIO Diario un análisis descorazonador de la industria editorial, parte de las razones detrás del escaso amor que hay en México por la lectura, pese a la explosión de la Gabofilia, hija del deceso reciente de García Márquez.

Escribió Braulio que la producción de un libro más o menos se distribuye así: de cada peso, 25 centavos se van en hacer el libro y promoverlo, 50 centavos se van en distribuirlo (por eso es tan difícil hallar buenos libros en las librerías comerciales). De los otros 25 centavos, de 8 a 12 son para cubrir los derechos de autor y el remanente, digamos 12 centavos, es la ganancia para la industria. La ganancia posible, claro, porque si el libro no se mueve, pues todos pierden.

Permítanme volver a mi libro. En junio de 2012, casi seis años después de su aparición en el mercado mexicano, recibí de la casa editora un correo notificándome sobre las regalías correspondientes a 2011. O sea que mi amigo Braulio tenía razón cuando me decía que sí es posible obtener ingresos derivados de la venta de libros.

A diferencia de mi amiga Fernanda de la Torre, que acaba de publicar su segundo libro, una colección de relatos llamada Una visita al museo de las relaciones rotas (¡léanlo!), yo soy un costal de papas. Fernanda es como un demonio de Tasmania en eso de moverse y promoverse, cual debe ser. Por eso ahí la lleva como escritora. Yo en cambio nomás no doy pie con bola en eso de promover lo que escribo, así que bueno, digamos que como autor soy de los que sin duda desesperan a cualquier casa editora.

Pero otra vez regreso a mi libro. El informe que me enviaron decía que por 2011 yo me había hecho acreedor a 3 mil 915.10 pesos por concepto de regalías. Esto indicaba que se habían facturado 217 volúmenes a librerías diversas y en distintas condiciones y precios. Mi participación como autor era la décima parte del precio, en consonancia con las cifras de Braulio.

Olvídense de las regalías, que para variar se me fue el avión y no preparé la papelería requerida para cobrar. Lo que me encantó de aquel mensaje (que por cierto me hizo pensar por qué no hubo mensajes respecto a los años anteriores) fue otro dato: decía que el 1 de enero de 2011 la casa editora tenía en existencia 241 ejemplares de El ombligo de Edipo. El 31 de diciembre, sus existencias eran de 0 ejemplares.

Sí, ya sé que esos libros se facturaron a las librerías. Que se hayan podido vender es un misterio total, pero por más que he buscado por donde quiera que voy, no hay. Así que no soy rico, pero tal vez pueda presumir de que la edición de El ombligo de Edipo se agotó. Eso es riqueza, ¿eh?

horacio.salazar@milenio.com