El país de las maravillas

Por favor, unos anteojos para el señor Madero

Será que soy un mal pensado, pero creo que los casi transparentes anteojos que viste el presidente nacional del PAN, Gustavo Madero, son de adorno o están mal graduados. Porque con esos lentes que trae ve cosas que de plano parecen de otro mundo.

En la entrevista que le hizo Antonio Argüello, el líder panista dice ver a su partido arriba en las preferencias electorales. Primer motivo para sospechar de su graduación. Luego dice que el PAN está más estructurado y organizado como institución política, que entre el Comité Ejecutivo Nacional y el Comité Directivo Estatal hay más coordinación, igual que entre “los distintos liderazgos al interior del partido”.

Qué bonita coordinación. Sólo que a mí me gustaría verla en los hechos. Por lo pronto dudo de que Acción Nacional esté arriba en las preferencias electorales. ¿En cuáles? ¿En las de Monterrey o en las de Nuevo León? ¿En las de Guanajuato o en las de Veracruz? ¿En las de su barrio o en las de su imaginación? Y en cuanto a las distintas coordinaciones que él aprecia, desde mi rincón más bien parece que en Nuevo León el PAN empieza a parecerse al PRD: cada vez más chiquito, cada vez más dividido, cada vez más falto de ideales y más movido por intereses sectarios.

Dice Madero: “Yo nunca veo el pasado porque es imposible cambiarlo”. Señor Madero: Porque es imposible cambiarlo es que es imprescindible verlo, para aprender de él. No quererlo ver es resistirse a ver la huella de destrucción y descomposición de los últimos tiempos.

Escribió Luis Petersen aquí que Madero vino a Nuevo León a declarar que el PAN está vivo. Sí, pero su análisis apunta a que sigue vivo porque ningún panista de ninguna secta albiazul quiere imaginarse a un país sin contrapesos políticos. Pero debería ser distinto tener un país con contrapesos a tener un país en el que partidos cómplices se reparten el botín.

Dice Madero que le apuestan a que la militancia del PAN de Nuevo León decida sobre sus candidaturas y que eso será parte del triunfo. Yo veo el triunfo complicado porque veo los números de quienes votan en el PAN de Nuevo León. Las masas están convertidas en masitas, nichos, rincones.

Luego viene una parte que a mí me deja muy mal sabor de boca. Cuando se le interroga sobre los funcionarios panistas corruptos, dice que la hay en todas partes y que la bronca es que “hay mucha corrupción en el país, en el sistema económico, político y social”... “El problema es el sistema que crea la corrupción, que crea la desigualdad, que crea la impunidad”.

¿Que la corrupción es del sistema, no de las personas? Habría que recordarle al señor Madero, ya que tanto aboga por la democratización de los procesos, que la ciudadanía de todo el país le devolvió el poder al PRI, al que llama “corruptor por sistema”, porque el PAN no demostró en dos sexenios ser diferente. Y lo que resultó igual no fue el sistema: fueron las personas.

Los sistemas no son corruptos. Las personas corruptas corrompen los sistemas para servirse a sí mismas en vez de servir a la sociedad. Culpar al sistema de las flaquezas humanas es no querer ver dónde reside la responsabilidad.

horacio.salazar@milenio.com