El país de las maravillas

Nosotros en el estacionamiento, y los grillos en su mundo

Cada vez me queda más claro que la clase política y la gente vivimos en mundos diferentes, mundos donde las prioridades a veces coinciden, pero no siempre. Y vaya que he tenido tiempo para pensarlo, porque ahora cavilo mucho más que antes mientras estoy en la cola de tráfico para moverme adonde sea.

Hace un año podía llegar a San Pedro en 15 minutos, al centro de la ciudad en 15 minutos, a mi trabajo en 12 minutos. Hoy pierdo más que ese tiempo tres veces al día en el atorón vial de Garza Sada: por la mañana, al llevar a mi hijo a la escuela; a mediodía, al regresar a casa tras haber recogido a mi hijo de la escuela y poco más tarde, al regresar al trabajo; y por la noche, al salir del trabajo para volver a casa.

Bajita la mano, me estoy soplando como mínimo dos o dos horas y media cada día en filas de autos repletos de conductores irritados, impacientes, descorteses (en general: hay magníficas excepciones). O sea que una cuarta parte de un horario laboral está yéndose en tráfico. ¡Y eso que ando en automóvil! No quiero ni pensar cómo me iría si viajara en el sistema público de transporte.

Cuando estoy en la fila veo que la desesperación es pareja para todos: señoras y papás que van a la escuela de sus hijos, taxistas gandallas, no taxistas que también son gandallas, policías estatales, agentes de Tránsito: todos padecemos los problemas.

Uno supondría que si toda la ciudad tiene varios episodios así cada día en los horarios pico, el asunto sería uno de los motivos centrales de discusión entre los diversos grupos políticos del estado. ¡Pero no: se la pasan grillando al otro partido y discutiendo sobre cuánto dinero le toca a cada municipio!

Podrían empezar por aprender a leer y luego aplicar lo aprendido a leer lo que significa el Fondo Metropolitano, pero eso sería mucho pedir. Se quedarían sin excusas para escupir hacia el bando contrario.

Hablan sobre la deuda, discuten sobre la violencia en los estadios, arguyen sobre las presuntas misoginias de un regidor, se dicen interesados en los horarios de cierre de antros y otros negocios del giro, festejan desde el Día del Lápiz hasta la Jornada Internacional a Favor de las Causas Políticamente Correctas...

Y yo me pregunto dónde están sus trabajos y sus faenas para resolver estas broncas cotidianas de una porción importante de la ciudadanía. La obra de Mederos, que es federal, lleva dos meses de atraso y ni para cuándo termine. Menos mal que ya le pusieron algo de trabajo de campo y ya hay una poca de fluidez, al menos en el horario matutino. ¿Y el contratista? ¿Qué garantía tenemos de que se le sancionará y se considerará a la otra que no sirve para cumplir plazos?

¿Y los proyectos que traía Margarita para abrir otra vía que comunique la cada vez más abarrotada zona de la carretera Nacional con la ciudad. No es posible que haya un solo camino para llegar a la ciudad. ¿Quién diablos sigue permitiendo más y más permisos de construcción sin asegurar la logística del tráfico? Ah, pero ellos siguen en su mundo...

horacio.salazar@milenio.com