El país de las maravillas

La elección de las mujeres

El actual proceso electoral no sólo es inédito por el número de candidatos; también lo es porque se ha incorporado a más mujeres de una manera aún cruda, y con resultados prematuros y dudosos, hasta el momento.

Conste que yo sería el primero en reconocer que sería (¿o será?) muy interesante una gubernatura a cargo de una dama. Pero los últimos días me han hecho levantar la ceja, no por asombro sino por perplejidad. ¿Qué está pasando?

Repasemos hechos. Los legisladores primero y los tribunales después más o menos pusieron en marcha un principio de igualdad de candidaturas. Las cosas no salieron bien, y pocos cumplieron con la equidad real, limitándose en todo caso a salvar las apariencias.

Parecía que la confrontación sería entre dos mujeres, pero a la hora de la hora un club de Tobi, integrado por puros bigotones (simbólicos, claro), se llevó hasta los tenedores para abandonar las filas arellanescas y arrebatarle a la rubia alcaldesa su sueño dorado.

El proceso siguió adelante con situaciones variadas aunque por lo general aburridas, mas he aquí que la anticipada guerra sucia asomó su fea cabeza de una manera muy peculiar.

La candidata del PRI se sentía en caballo de hacienda, ya se imaginaba en La Silla y se limitó a moverse como trompo repartiendo sonrisas por aquí y acá. Mis respetos por eso: he visto como tres mil fotos de ella sonriéndole a todos; yo sería incapaz de hacerlo.

Pero de pronto salieron números que sacudieron los war rooms. Una encuesta, y otra, y acaso otra también, dieron al menos empate si es que no ventaja al Bronco Jaime Rodríguez por encima de Ivonne.

Y vino el uno-dos que tambaleó al osado. Primero lo captaron cometiendo el error de soltar majaderías a sendas mujeres. Él quiso defenderse usando el contexto, pero el contexto no viene al caso aquí.

Ahí fue el empezóse de lo que podría ser el acabóse. De pronto apareció de la nada la ex esposa del osado, declarando que hace muchos años el señor la golpeó. Y el consenso interesado dijo que debía ser cierto.

Crucifixión: los demás candigatos se le echaron encima; la extraña acusación la dieron por buena, sin la menor duda, como axioma divino, desde diputados hasta el PRI en macolla. Lo tildaron de golpeador, de cobarde, de no enfrentar las cosas.

Creí que la política mejoraría al participar más mujeres. ¿Será que me equivoqué?

horacio.salazar@milenio.com