El país de las maravillas

El desafío de Francisco

Dentro de dos semanas, el antaño arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el papa Francisco, llegará a México en una visita en la que bendecirá a fieles católicos en las ciudades de México, Ecatepec, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez, Morelia y Ciudad Juárez.

No soy muy fan de los asuntos religiosos, ni de la Iglesia Católica, pero debo admitir que este papa me ha llamado más la atención que el carismático Juan Pablo II. Y después de leer acerca de su vida y sus acciones, y de leer algunos textos selectos escritos por él, que me parece aún más intrigante.

¿Por qué? Bueno, para empezar, es un papa jesuita, y a pesar de algunas sombras en la historia de esta orden, no hay duda de que ha representado el aspecto ilustrado del catolicismo. Además es un papa argentino, americano.

Pero más allá de ello, tiene un historial de activismo misionero que abunda tanto en el discurso eclesiástico como escasea en los actos. No digo que la Iglesia actual carezca de virtudes, pero en términos de actividad misionera, Francisco destaca como lunar en una Iglesia que aparece más bien estática.

Bárbara Anderson le hizo una entrevista al nuncio papal Christophe Pierre, y éste declaró que la visita pastoral de Francisco no es para hacer política, sino para anunciar el Evangelio. Yo tendría que decir que una visita de activismo misionero es la actividad más política que puede hacer un Papa, sobre todo uno que declaró lo siguiente en un improvisado discurso en Río de Janeiro: "¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío. Que acá dentro va a haber lío va a haber, que acá en Río va a haber lío va a haber, pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle".

La Iglesia, dijo Francisco, no es una ONG: tiene que salir a evangelizar. Y sus muchos años como arzobispo de Buenos Aires lo prueban. En una serie de testimonios que recabaron en aquella capital Víctor Martínez y Santiago Fourcade, está claro que Jorge Mario Bergoglio impulsó una Iglesia que trabaja en la calle, en el barrio, donde una palabra oportuna puede salvar a un joven del abismo.

Creo que el papa Francisco tiene un gran desafío en su visita pastoral a México: no el de comunicar la fe a los mexicanos; la historia demuestra que la tienen, y en abundancia. No, su desafío es el de convocar al alto clero católico a hacer lío, a salir a la calle a evangelizar. Nada menos.


horacio.salazar@milenio.com