El país de las maravillas

Nuevo León: un estado sin Estado

La distinción es simple: el estado de Nuevo León es un pedazo de México que tiene límites precisos y en el que actuamos millones de ciudadanos para ganarnos el pan cotidiano. El Estado de Nuevo León, con mayúscula inicial, es el conjunto de instituciones que rigen la vida comunitaria dentro del estado de Nuevo León.

Aclarado lo anterior, en los últimos tiempos me he ido convenciendo de que a Nuevo León, el estado, le hace falta un Estado a su altura. Dicho de otro modo, las instituciones de Nuevo León, con lo que entiendo los tradicionales tres poderes, registran un terrible déficit funcional.

Veamos. El Poder Ejecutivo, representado por el gobernador y sus funcionarios, más o menos mantiene funcionando al estado, pero a diferencia de otros tiempos, ahora todo parece concentrado en la figura del jefe del Ejecutivo, o sea el gobernador, quien se la pasa declarando sobre todo lo que se le atraviesa y presidiendo actos simbólicos de sabor popular, pero de escaso efecto en la gobernabilidad del estado.

Sospecho que este afán de ajonjolí de todos los moles obedece a que no quiere que le reclamen que se la pasa los fines de semana haciéndole al consultor de políticos que quieren llegar al poder como independientes, algo de lo que pronto veremos muchos indicios de fracaso.

¿Y el Poder Legislativo? Bueno, ya han descrito muchos su magro desempeño en cuanto forjadores de leyes o árbitros del proceder del Estado. Al mismísimo jefe del Ejecutivo le dan vergüenza, y al ciudadano ni siquiera eso: no tiene ni idea de para qué sirven los diputados, como no sea para gestionar favores del Estado (con mayúscula).

Ya describió ayer Javier Sepúlveda el triste papel que han hecho los legisladores locales, muy amorosos cuando se trata de hacer tropezar al gobernador independiente, pero que enseñan el cobre cuando siguen la línea de partido y traicionan la confianza ciudadana.

Del Poder Judicial no se pueden cantar mejores cosas. Siguen demostrando ser incapaces de armar casos sólidos y de castigar a la delincuencia con efectividad. Lo único que tienen de sobra es pompa.

Pobre Nuevo León, el estado. Con un Estado apenas digno de ese nombre, no avizora un futuro digno de su pasado. Y ya se está cansando de que le vendan la cantaleta del gobierno independiente, que de poco ha servido en lo ejecutivo, lo legislativo y lo judicial.

horacio.salazar@milenio.com