El país de las maravillas

Tanarah es como un gordo obligado a enflacar

Ahora que ya Ugo Ruiz se puso hasta el chaleco fosforescente para empuñar un marro (probablemente por primera vez en su vida) está claro que la solución municipal será complicada.

Cada vez que he acudido con un médico para que revise mi estado metabólico, ya sé que voy a salir regañado. Los datos dicen que me ubico no sólo con peso de más, sino en el rincón de los parias: los obesos. Supuestamente debería pesar como 20 kilos menos para ser feliz. Suspiro.

Y siempre los doctores dicen, para que el puñal a mansalva duela más, que será difícil quitarme de encima esos kilos de más; que hubiera sido más fácil evitar la engordada mediante el simple expediente de comer bien y hacer ejercicio.

Tengo por ahí un mensaje para los médicos, que guardaron silencio durante décadas mientras el país se iba al infierno de la gordura sin decir gran cosa, y sólo cuando quedó claro que somos el país de más rápido enmarranamiento, salieron con que ellos siempre lo habían dicho. Sí, Chucha.

Pero los médicos no me van a resolver mi problema de excedentes, así que ahí me tienen de vez en cuando a paso veloz sobre una caminadora. No hay vía regia al adelgazamiento, pues.

En el mismo caso está en San Pedro la torre Tanarah. Los que la hicieron, fingieron demencia para hacer los pisos más altos o qué sé yo, pero lo cierto es que recibieron permiso para una cosa y salieron con otra. Y luego su abogado dice que la cosa no es grave. Si no es grave, ¿para qué necesitan pedir un permiso? ¡Para que les definan qué se les autoriza conforme a parámetros que pueden estar mal o bien, pero que se supone son el marco de juego de todos!

Dice el mismo abogado, Javier Livas, que Tanarah es la punta de un iceberg porque en el municipio modelo, las ambiciones han hecho del desarrollo un juego que dice tener reglas, pero que todos se pasan por el arco del triunfo.

Ahora que ya Ugo Ruiz se puso hasta el chaleco fosforescente para empuñar un marro (probablemente por primera vez en su vida) está claro que la solución municipal será complicada.

Se supone que tardarán cuatro meses en recortarle a la torre el excedente ilegal. Que deben hacerlo con mucho cuidado, porque son muchas toneladas de escombro las que tendrán que bajar a nivel de piso. Que luego será preciso hacer una valoración para ver si la torre y sus estructuras están en condiciones de seguir prestando servicios. Todo esto costará tiempo y dinero y nada garantiza, hoy, que las cosas saldrán bien.

Poniéndome por un momento en el papel del médico, no me queda otra que decir: ¿ya ven, por andar de listos? Tan bien que hubiera quedado todo si se hubieran ceñido a las especificaciones. Pero querían una torre más atractiva, o con mejores prestaciones, y creyeron que nadie se daría cuenta. O pensaron que se darían cuenta, pero que con una corta podrían arreglar todo.

Pues no: la adelgazada de Tanarah será tan complicada como la enflacada de un gordo. Porque si me afano y sudo y bajo 20 kilos, eso no garantiza que estaré sano ni que seré feliz. Pero entraré en las tablas de actuarios, al parecer hechas en algún rincón del infierno.

¿Y la autoridad de San Pedro? De la humedad luego hablamos, porque al parecer sólo sirve para discriminar y para lucirse...

horacio.salazar@milenio.com