El país de las maravillas

Stephen Wiltshire y el México joven

Esta semana que está terminando tuve la ocasión de participar en un evento extraordinario, que culminó anoche con la entrega, a la Ciudad de México, de la obra que estuvo dibujando durante cinco días el artista británico Stephen Wiltshire.

La corrección política indica que Stephen se cuenta entre quienes viven con una condición llamada “síndrome de Savant”, y a él mismo no le gusta ser reconocido como autista, pero la verdad es que así lo diagnosticaron. Empezó a hablar tarde, posee una personalidad que ni el mismo Oliver Sacks pudo desentrañar y es sin duda un misterio para cualquiera que tenga interés en los alcances del cerebro humano.

Pero Stephen, como otros con su condición, ha equilibrado sus carencias en algunas áreas con ultradesarrollo en otras, y en su caso ha desarrollado su memoria eidética de manera maravillosa. Así como unos se hallan a sus anchas hablando hasta por los codos, él se expresa dibujando.

Con los años ha desarrollado un portafolio de obra impresionante, y lo más sorprendente es que le bastan unos breves vistazos a una escena para grabarla en su memoria con suficiente detalle para poderla reproducir después, y se ha convertido en un único retratista de ciudades.

Bajo este carácter lo invitaron a México, cuya capital está estrenando denominación de ciudad, para que la dibujara con su estilo muy particular.

Yo tengo la suerte de trabajar con un equipo de redes sociales que está en formación y del que aprendo cada día, y desde que supimos que Stephen vendría, empezamos a comentarle a todos nuestros seguidores en Facebook, Twitter y otras plataformas sobre lo insólito de la visita.

En los últimos cinco días, mientras Stephen plasmaba sobre un papel de algodón de un metro de alto por cuatro de ancho la perspectiva que vio desde las alturas a bordo de un helicóptero, estuvimos siguiendo sus trazos y compartiéndolos por internet.

Y descubrimos que proyectos así logran atraer la curiosidad y el interés de miles de personas de todos los grupos sociales, de todas las edades, pero sobre todo jóvenes, y de muchos países, pero sobre todo de México. Durante cinco jornadas, nuestro community manager, Mario, conversó con cientos o más bien miles de visitantes que preguntaron de todo y que siguieron la evolución de la obra que anoche el artista entregó como regalo a la Ciudad de México.

Me dio mucho gusto percibir a través del trabajo que hicimos el pulso de un México vivo, interesado, positivo, participativo, que me hace ver con más esperanzas nuestro futuro. Vale.

horacio.salazar@milenio.com