El país de las maravillas

Servicios en México: que se joda el ciudadano

El otro día me preguntó un amigo por qué me enojaba tanto por el asunto de la tarjeta Feria, si hace años que no me subo a un camión urbano. Según él, debía darme lo mismo que cobraran cinco, 10, 12 o ene pesos por viaje.

Le dije que eso del precio del transporte a mí me molesta no por el monto en sí, pues 12 pesos no es ni un dólar, o sea que en términos globales es una tarifa razonable si tuviéramos un servicio razonable.

Pero todo es relativo: en el Distrito Federal quieren quemar vivo a Mancera porque les subió el Metro de tres a cinco pesos. Y aquí subieron la tarifa de 10 a 12 pesos, y aunque hay algunos gruñidos, no parece que la lumbre vaya a llegarle a nadie a los aparejos.

Doce pesos, me dicen colegas izquierdosos, es una suma considerable para los más amolados. Y sí, si alguien tiene que tomar varios camiones para ir al trabajo y volver, pues no sale, si imaginamos que todos los amolados ganan un salario mínimo, lo cual ya casi no es cierto.

No, lo que a mí me molesta sobre la cuota del transporte es que el aumento envía un mensaje equivocado a los prestadores del servicio de transporte: el mensaje de que pueden dar un servicio del nabo y como quiera salirse con la suya.

Y no es el transporte público de Nuevo León el único servicio malo. Por todas partes crece lozana la flor del mal servicio, y los ciudadanos apechugamos porque no hemos aprendido a protestar con efectividad.

Ejemplos. Hace unas semanas, en el aeropuerto de la Ciudad de México, cancelaron un vuelo a Monterrey. Cuando llegué a la ventanilla, tras una larga cola, me dijo el dependiente que yo debía cambiar mi vuelo usando el ***call center***. Le pregunté por qué no hacía el cambio él ahí en la ventanilla, que para eso está. Me dijo que debía consultar con su supervisor, y éste dijo que no podían hacerlo porque luego tenían problemas con la auditoría, que no me quejara porque otro pasajero tenía ya media hora intentando hablar al ***call center,*** pero no podía entrar su llamada porque estaban atendiendo a la vez a dos mil pasajeros.

O sea. El fulano me mandó de una cola de 200 personas a una cola de dos mil para él evitarse problemas administrativos: que se joda el pasajero.

Un amigo capitalino tiene tanto tiempo sin electricidad que ya volcó en Facebook su frustración, porque aunque ya pagó no le han reconectado el servicio y lo están tratando con la punta del pie.

Hace unas horas fui a un banco local a hacer un pago (como me atrasé, los angelitos me estuvieron llamando 10 veces diarias). Claro, la asignadora de turnos no funcionaba, así que en una sala llena de sillas, los clientes estábamos todos parados haciendo cola. Que se joda el cliente.

Eso es lo malo de la nueva tarifa: no tanto que castigue al que no quiera comprar la dichosa tarjeta Feria, sino que beneficie a un prestador de servicios que así graba en su mente que puede seguir dando mal servicio y como quiera cobrar más. Eso calienta.