El país de las maravillas

Sentirse obsoleto

Es la Ley de Murphy en acción. Si un día te sientes de la patada, siempre habrá algo que te ayude a sentirte peor. En mi caso, a los achaques propios de mi edad y mi condición se sumó este viernes la triste noción de estar viajando a velocidad luz hacia la obsolescencia.

¿Usted sabe lo que es SnapChat? Si está cerca de mi grupo de edad (me aproximo a los 58), lo más probable es que no. Algunos dicen que es el sucesor de Facebook (y si no sabe lo que es Facebook, a lo mejor vive en otro planeta), y coinciden en que es el refugio de los chavitos nerds.

SnapChat es una App, o sea, un programa que corre en un celular inteligente, y la función primaria de este programa es permitir conversaciones, chats. Es una App auténticamente hecha para niveles de atención pequeños: muy visual, pensada para enviar videos o fotos efímeros, pues los contenidos son tan efímeros como un suspiro.

Sus creadores son muy vivos, y acaban de lanzar Discover, que en esencia es el aprovechamiento de su plataforma para divulgar contenidos inicialmente producidos por una decena de fuentes que van desde CNN hasta National Geographic, pero diseñados específicamente para el formato vertical de un smartphone.

Yo dejé hace meses de intentar jugar en el Xbox con mi hijo: su dominio de los controles me hace sentir un dinosaurio. Ahora imagínese cómo me sentí cuando un columnista experto en tecnología escribió que a sus 32 años se sintió viejo porque no pudo encontrarle la lógica a la interfaz de usuario, algo que al parecer es piece of cake para mentes más juveniles.

Pero luego de rumiar un poco este asunto de la obsolescencia, resolví lo sano: no estoy viejo, simplemente traigo buen kilometraje; no estoy obsoleto, pues uso la tecnología que necesito y no me va mal con ello.

Cada vez es más común ver a la gente en la postura de Facebook: la cabeza inclinada mirando al celular. Lo veo en la calle (algunos lo hacen mientras conducen), en los centros comerciales, en los restaurantes y en las oficinas.

Yo puedo decir, como persona mayor, que sólo muy ocasionalmente caigo en este asunto. Sigo encontrando placer en observar el perfil urbano, en ver a la gente y a las estructuras de Monterrey, en mirar al cielo y tratar de identificar una que otra constelación.

horacio.salazar@milenio.com