El país de las maravillas

Respeto por los maestros

Yo tengo muchísimo respeto por los maestros. Tengo muchos familiares en el gremio docente, conozco a unos pocos y sé de experiencias de muchos otros, así que estoy bien al tanto de las dificultades que deben enfrentar para cumplir frente al aula con los chicos a su cargo. Mis respetos.

Pero mi respeto no es absoluto. Quiero decir con esto que respeto al maestro cumpliendo su tarea. Pero no respeto al maestro que se oculta en la masa para dañar a la sociedad por problemas que le atañen sólo a algunos profesores.

No estoy hablando de coartar el derecho a manifestarse, pero la libertad que tiene el maestro para manifestarse tiene por límite el lugar donde se topa con mi propia libertad para moverme.

Y mucho menos respeto a quien se dice maestro, pero que en realidad es un mafioso que vive de robarle a sus compañeros, se dice su dirigente y en realidad lleva una vida muelle a costa de otros profesores y de la sociedad entera.

Debo decir que he pasado muchos días en la Ciudad de México, y me ha tocado cruzarme con muchas marchas de profesores. Y en todos esos casos, los manifestantes sí eran una molestia por el lugar que eligieron para marchar, pero en el trato han sido correctos.

En una ocasión tomé un taxi para que me moviera las ocho cuadras que me separaban de mi destino, pues tenía prisa, y debido a los bloqueos, me dejó del otro lado de mi destino... a ocho cuadras.

Eso sí molesta, pero la verdad es que uno puede entender la situación caraja de los maestros de verdad. Lo que no puede uno entender es cuando los grupos de profesores se convierten en turbas armadas, ideologizadas, violentas, ejemplo terrible para la niñez y la juventud.

Está claro que sus líderes les han enseñado a unos cuantos tácticas casi de guerrilla. Ni modo que digan que el periodista al que amenazaron y luego mataron se suicidó.

Y aunque he escuchado a muchos maestros exponer buenas razones contra la reforma educativa, y he sabido de profesores que reniegan de sus malos líderes, la verdad es que están argumentando con el garrote y han aguantado a líderes transas sin decir nada mientras les ha convenido.

Respeto a los maestros. Quisiera respetar a los maestros protestones. Pero cuando veo que vuelven a las viejas tácticas de violencia y chantaje, mi respeto se convierte en desdén y desprecio. Lo siento.

horacio.salazar@milenio.com