El país de las maravillas

Politizar o pendejear

Cada vez que alguien de un grupo político pide, exige, demanda, solicita algo que no le gusta a los de otro grupo político, salen con la cantaleta de que “no hay que politizar” tal o cual cosa. También lo hacen algunos columnistas que exigen a los gobernantes, del partido que sea, “no politizar” sus acciones.

Aquí está faltando un poco de precisión. Lo que todos quieren decir cuando exigen “no politizar” algo en realidad es “no convertir en bandera de un partido” ese algo, vamos, no partidizar algo. Pero como eso los pone en evidencia de que todos anteponen su partido a su deber, mejor dicen “no politizar”, para dar a entender que están del lado del ciudadano, lo cual es falso.

Tenemos a la vista el ejemplo más claro con el asunto de los policías regios. Para el Gobierno del Estado son polis piratas porque no tienen la patente que se exige en la legislación estatal. Para el Ayuntamiento de Monterrey son policías porque los adiestró la Marina y porque cumplen normativas federales.

Como han dicho hasta la saciedad varios observadores: ya dejen de dar de brincos, que el suelo sigue estando muy parejo, pese a los temblores.

Si el municipio tiene papeles, que los muestre, en vez de jugar a “ya se entregaron en su oportunidad”. Imagínese responderle a un agente de Tránsito que exige la licencia: “Ya la saqué, en su oportunidad”. Papelito habla, en presente.

Dicho con más claridad: no se hagan pendejos. Si tienen las patentes, expedidas por la Marina, el Sistema Nacional de Seguridad o la Divina Pomada, sáquenlas y pónganlas a la vista del público. Ah, pero no: hay que decir que el Gobierno del Estado está politizando las cosas.

Digámoslo de una vez por todas. Todo lo que diga un funcionario del Gobierno Estatal y todo lo que diga un funcionario municipal, ambos en el ejercicio de sus funciones, es político. A mí me importa un bledo la vida personal de Margarita Arellanes o de Rodrigo Medina: ellos como personas pueden hacer su vida en entera libertad al margen de mis intromisiones o las de cualquiera. Pero cuando traen la cachucha de su cargo son políticos, y todo lo que digan será político.

Lo malo no es que politicen las cosas, sino, otra vez, que las partidicen. Que conviertan un acto de gobierno en un acto de partido. Que especulen con la opinión pública para ganar un punto o dos en el rating rumbo a las candidaturas del mañana o del pasado mañana, o para pegarle al partido contrario. Y si el Congreso es tan abierto como dice, tendría que poner entre sus prioridades más importantes, porque esto es fundamental para todos, mecanismos para identificar la partidización de actos de gobierno y mecanismos para castigar esa partidización con tal severidad que aquello pase sólo de vez en cuando.

Pero en vez de eso se la pasan tirándose verbos y quejas y gimiendo, y perdiendo el tiempo de todos en peleas estériles que están hartando hasta a los descendientes de Job. Politicen todo lo que quieran, pero por amor de lo que sea, ya déjense de pendejadas y pónganse a trabajar.

horacio.salazar@milenio.com