El país de las maravillas

Peras y manzanas; regidores y síndicos

En mi universo particular, una máquina bien diseñada cumple con su función una vez, otra vez, otra vez, siempre. Una mal diseñada es la que a veces funciona y a veces no. Esta semana me tocó sufrir a máquinas mal diseñadas.

Me refiero a los armatostes de cobro instalados en los estacionamientos. Una máquina cobra según el tiempo transcurrido desde la llegada, marcando magnéticamente la tarjeta para poder salir, y otra lee la tarjeta para levantar la pluma. Simple.

Pues esa función tan simple no funcionó en dos estacionamientos. Primero, en San Agustín, pagué mi cuota y la tarjeta no pudo ser leída por tres plumas de salida distintas. Cuando me quejé usando el interfono, una empleada dijo con tono de que eso pasa todos los días: “Ah, se le ha de haber desprogramado la tarjeta. Tiene que venir a la central”.

Tuve que volver al estacionamiento, buscar la central y darle mi tarjeta. “Pero ya la pagó, ¿verdad?”, dijo con aire acusador, como si fuera mi culpa que la mugre no funcionara. Al fin salí, pero el proceso me tomó unos diez minutos.

Al día siguiente ocurrió otra cosa, ahora en Valle Oriente, donde lo que falló fue la máquina de cobro. Tenía que depositar 17 pesos, que felizmente tenía en monedas. Pero la máquina no aceptaba monedas de un peso. Después de algunos gruñidos, fue preciso meterle a la máquina un billete de 20 pesos para que me devolviera 18.

Esas máquinas se parecen a las estructuras de soporte funcional que tiene el Ayuntamiento de Monterrey, y que como se sabe consisten en regidores y síndicos. ¿Qué les toca hacer? Los regidores representan a la ciudadanía y velan porque la administración pública se atenga a la ley; los síndicos también hacen esto, pero representan los intereses del Ayuntamiento.

Pero ya sabe: hasta ese nivel operativo se infiltró la peste del partidismo, y en las últimas semanas regidores y síndicos han estado peleando porque una señora le firmó un documento a un ciudadano.

Eugenio Montiel, regidor del PRI, amenazó con denunciar a la síndica segundo (¡así dicen!), Irasema Arriaga, quien le firmó un documento a un particular que le está cobrando el manto de la Virgen al municipio. Dice Montiel que la síndica se arrogó funciones que no le tocan.

Ahora los regidores panistas convirtieron el asunto en burla llevándole una canasta con peras y manzanas para explicarle al priista, o sea que le dijeron burro, pero al mismo tiempo, en voz de Norma Paola Mata, dijeron que el asunto ofende a las mujeres.

Señores y señoras del Ayuntamiento: si no se pueden poner ni de acuerdo en cuáles son las funciones de cada uno, váyanse todos a su casa. Unos dicen que el municipio saldrá perjudicado en un juicio; los otros, que el litigio sigue. ¿No tienen la neurona necesaria para saber siquiera si el litigio sigue o si el municipio perdió? Insisto: váyanse a su casa. Tienen unas poquitas funciones qué hacer para que el Ayuntamiento funcione, y en nombre del partidismo mediocre no pueden hacer ni eso. Ya estuvo suave.

 

horacio.salazar@milenio.com