El país de las maravillas

Maestros, 'freaks' y padres de familia

Estoy leyendo en estos momentos el libro Piensa como un freak. Sus autores, Steven D. Levitt (economista) y Stephen J. Dubner (periodista), saltaron a la fama mundial en 2005 con su libro Freakanomics, en el que ofrecen soluciones nada convencionales a problemas bastante peliagudos.

Una idea sabrosa del libro se puede expresar así: una primera exigencia para resolver un problema reside en hacernos las preguntas correctas. Lo malo es que a veces dichas preguntas son demasiado embarazosas, así que nos hacemos guajes y atendemos el problema de lado, sin ir directamente a su raíz.

Y a poco de empezado el libro, que me encuentro un pasaje más que pertinente sobre lo que está pasando en México desde hace tiempo: el tema de la reforma educativa. Los autores dicen que por supuesto, un factor clave es la preparación del maestro, pues no hay duda de que un maestro bien preparado es preferible a uno mal preparado.

"Sin embargo", apuntan Levitt y Dubner, "una gran cantidad de pruebas recientes indican que la capacidad del maestro tiene menos influencia sobre el rendimiento de un estudiante que un conjunto de factores diferentes, a saber: cuánto han aprendido los chicos de sus padres, cuánto trabajan en casa y si los padres les han imbuido el gusto por la educación".

Si estos factores son enanos, la escuela no puede hacer milagros.

Parte del problema, agregan los autores, es que "cuando la gente seria habla de reforma de la educación, apenas menciona el rol de la familia en preparar a los hijos para que tengan éxito".

Ahora pedimos que los maestros sean evaluados, porque queremos que sean cuán buenos puedan ser, y creo que la petición (o exigencia) es de lo más sensata, pero como señalan Levitt y Dubner, nadie se anda preocupando por proponer pruebas para ser buenos padres, y a todos nos consta, porque lo vemos en las noticias rojas un día sí y otro también, que muchos niños, demasiados niños, tienen padres y madres que no merecen esos nombres.

El problema educativo no es solo de los maestros, es de todos, de todas las familias, y tendríamos que estar agradecidos de que, con todo y tantos factores en contra, aún haya maestros dispuestos a suplir en los niños las carencias fundamentales que debieron traer desde casa. ¿O qué piensa usted?

horacio.salazar@milenio.com