El país de las maravillas

Nuevo León, ¡peor que Tamaulipas y Michoacán!

No sé de cuál fumó el diputado federal Alfonso Robledo para decir que Nuevo León es un estado “tan violento como Tamaulipas o más que Michoacán”, que contra las estadísticas y la percepción de la mayoría, “nunca dejó de ser violento” y que en realidad todo se debió a que “estuvo maquillado”, pero de seguro parte de la respuesta tiene que ver con que, como ahora es legislador federal, vive más en la Ciudad de México y perdió el contacto con la realidad local.

Ya sé que algunos dirán que si el cobro de piso, que si los secuestros, que si están volviendo los asesinatos, pero les invito a indicarme dónde están las balaceras de horas como las que han vivido en las últimas semanas en ciudades tamaulipecas; dónde los ciudadanos que, armados hasta los dientes, patrullan rincones del estado defendiendo su producción. No, Nuevo León está lejos de estar en las tristes condiciones de esos otros dos estados de México.

Que Robledo anda con los pies fuera del suelo me lo dice el hecho de que, a pesar de ser secretario de la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados, nos sale con la obviedad de que Fuerza Civil necesita ser apoyada por el Ejército, cuando está claro que el Ejército redujo su presencia, pero nunca ha dejado en la estacada a Nuevo León. Lo acaba de decir Jorge Domene.

Dice el legislador federal que algunas fuerzas armadas dejaron de hacer operativos conjuntos y se quedaron sólo las policías municipales. Porque además, agrega, Fuerza Civil cubre sólo “algunos municipios y algunas partes del estado”. O sea que a pesar de su cargo ignora los datos más básicos acerca de la operación de Fuerza Civil. Si fuera nuevoleonés y hubiera ido a la reciente exposición de los policías en el Parque Fundidora se habría enterado de que Fuerza Civil cubre todo el estado, y que incluso hay un buen montón de municipios que ni siquiera tienen policías, y en ellos los estatales están cubriendo totalmente la función de vigilancia.

Dice Robledo: “Esperemos que despierte el Gobierno Estatal y tengamos una situación de operación contra los narcotraficantes y la gente que se dedica a la delincuencia organizada”. Lo que habría de hacer es pedirle al comandante Felipe de Jesús Gallo que le explique lo que se está haciendo, y que se lo lleve de patrullaje por algunas de esas zonas para que le aprenda al asunto.

Yo recuerdo los meses de 2010 y casi todo 2011 en que despertábamos en Nuevo León con conteos cotidianos que rebasaban la decena de muertos. Recuerdo la situación de estrés en que vivíamos todos, y cómo yo mismo me iba cada noche a casa lleno de miedo, temiendo siempre lo peor y mirando continuamente por el retrovisor. Esos fueron los peores días de Nuevo León, y ni de lejos se parece la situación actual a la de esos años recientes.

En esos tiempos, el diputado Robledo estaba terminando su doctorado en Ciencias Sociales con enfoque en Desarrollo Sustentable, mientras también cobraba como diputado local por segunda ocasión. Pero ahora caigo; ya sé de dónde saca el legislador sus afirmaciones peregrinas: como la inmensa mayoría de los políticos, ha pasado por dos diputaciones locales, por dos oficinas como funcionario público y ahora una diputación federal, y sigue sin quitarse la camiseta blanquiazul de su partido. Le apuesto 100 a uno a que su discurso sería distinto si tuviéramos un gobernador panista.

horacio.salazar@milenio.com