El país de las maravillas

Negrura

Como en la clásica canción de Los Dandys, yo también "tengo una pena", aunque no precisamente en el alma, sino en una zona que vagamente puedo definir como intercostal y que en buen mexicano se dice: "Estoy torcido". Y como llevo así más de una semana, comprenderán que mi natural estado de neutral optimismo esté de momento un poco vapuleado.

Pero no necesito una torcedura, un esguince u otro insulto muscular para sentir negrura en la vida pública de Nuevo León, que ha vuelto a ser golpeada por un incidente indigno de cualquier época.

Tengo la impresión de que el proceso de internación carcelaria tiene como fin primordial proteger a la sociedad, pero seguramente también ha de procurar por la rehabilitación, atención y protección del reo.

Un amigo que se ha logrado meter para ver de cerca cómo es la vida en su interior me ha contado que en esos corredores y rincones se hace cierta una de las ideas que promueve el personaje Ian Malcolm, de Parque Jurásico: cualquier idea de control es una ilusión.

Dicho de otro modo, ni en sus mejores momentos han sido nuestros penales organismos correctivos bajo el control del Estado: ni del municipal, ni del estatal, ni del federal. En ellos impera la ley del más fuerte, y el más fuerte puede ser un alfeñique, porque se trata del más fuerte en macolla. Hace rato lo comentaba otro amigo, comentando el video ciudadano que captura una parte de la riña: "Entre esto y una manada de animales hay poca diferencia".

El video deja ver cómo entre varios golpean a alguien tirado en el suelo. Y es que cuando no hay control, la vida ahí adentro se convierte en matar o morir.

Pero leo también el recuento que hace Delia Weber, luego de recorrer la larga y desesperada fila de parientes en busca de noticias de los suyos: porque los que en el video traían garrotes, fileros, palas o martillos, para romperles los huesos a otros, todos ellos también tienen mamás, hermanas, primos y camaradas para quienes son individuos no perfectos, pero sí lo suficiente para tener un perro que les ladre.

Pero la imagen que me hace cerrar hoy con un toque de negrura este suspiro la tomó mi amigo Érick Muñiz. En ella un anciano de gorra mira la lista de muertos y luego los hombros un poco más caídos, sólo preguntó: "¿Sabe dónde venden cajones baratos?".

Sí hay días de negrura en que dan ganas de no haberse levantado, torcido uno o torcido el ambiente. Pero ya vendrán, como prometía Yuri, tiempos mejores.


horacio.salazar@milenio.com