El país de las maravillas

NL contra el embarazo adolescente

El jueves por la mañana me encontré con un viejo amigo, el doctor Francisco González Alanís, subsecretario de Prevención y Control de Enfermedades en el Gobierno del Estado de Nuevo León, quien me invitó a que asistiera más tarde a la presentación de un programa singular.

Como todos los programas oficiales, tiene un nombre largo: Modelo Nuevo León para la Prevención del Embarazo en Adolescentes. Y es de esos asuntos que se divulgan poco, aunque representa un buen ejemplo de la racionalización de esfuerzos para atacar un problema de salud pública muy serio.

Usted puede muy bien imaginarse cómo es el problema si se entera de que en el estado los chicos inician su vida sexual a los 15.4 años. A esa edad el cuerpo está listo para procrear, pero ¿y la mente? ¿Cree que un quinceañero, una quinceañera, tiene la preparación para enfrentar la vida con un hijo?

Las alertas sonaron hace tiempo: en 2003, de cada 100 partos que atendía el sector público en Nuevo León, 29 eran de menores de edad, y en 2013 el indicador decía 32 de cada 100: una de cada tres madres es menor de edad.

El estudio que se armó entre los expertos buscó los factores detrás de este alarmante síntoma... y los factores “de protección” que libraban de la maternidad a otras jovencitas. Y descubrieron el agua tibia: las chicas que libraban la adolescencia sin embarazarse tenían una familia pequeña con valores, estudiaban, hacían deporte... Tenían un proyecto de vida. Las que quedaban embarazadas tenían familias grandes, no estudiaban, carecían de opciones de futuro.

Así empezó a construirse una manera sensible de atacar el problema. Cuando vieron lo que había, se dieron cuenta de que en el gobierno había 59 programas dirigidos a los adolescentes... pero como burro sin mecate, cada uno por su lado. Los reorganizaron, le metieron algo de ingenio y software, y así crearon el modelo, que en esencia divide a las adolescentes en tres grados de riesgo: alto, medio y bajo, y concentra sus esfuerzos en las de más riesgo, es decir, las más ignorantes, pobres y carentes de futuro.

¿Qué se ha logrado? Se atiende cada año a unas 10 mil adolescentes embarazadas. Pero como la población sigue creciendo, la tasa baja poco a poco. El modelo comprende atención y seguimiento por dos años, así que habrá resultados visibles en el mediano plazo. Es un buen programa.

horacio.salazar@milenio.com