El país de las maravillas

Múltiple vergüenza

Hace unos días me levanté del escritorio unos minutos para ver un pedazo del juego entre México y Panamá. Mi esposa me pidió que me tranquilizara luego de escuchar dos o tres expresiones castizas hijas de mi encabronamiento. ¡Qué horror! Los jugadores mexicanos parecían fuera de sitio: incapaces de responder, a veces abúlicos, descoordinados, mediocres.

Me dio vergüenza que esos monigotes sin la menor gracia fueran los representantes de nuestro futbol. De seguro, me dije comiéndome las uñas, entre los millones de pateabalones que hay en nuestro México querido hay muchos capaces de ir a partirse el alma en la cancha.

Sé que todos podemos tener un mal día, pero se me hizo mucha coincidencia que todos los jugadores estuvieran en su peor momento.

Y cuando pensaba que la pena era mucha, ¡penalty! ¿Dónde? ¿Cuándo? Huy, la vergüenza se hizo más grande. Y luego ¡otro penalty! Hasta los jugadores mexicanos se veían desazonados, como buscando un lugar dónde meter la cabeza.

“¡Qué vergüenza!”, me dije cuatrocientas veces. Y luego regresé al escritorio para seguirle dando a la tecla. “Será muy difícil volver a sentir una vergüenza así de intensa”, me dije, cabizbajo.

Bueno, pues me equivoqué.

Sentí una vergüenza igual de intensa cuando el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social dio a conocer las cifras de pobreza en México.

Ver las cosas a ojo de pájaro esconde la pena. Decir que en 2012 teníamos 53.3 millones de pobres y que en 2012 crecieron a 55.3 millones indigna, pero es una indignación abstracta, diríamos que etérea, como el activismo de teclado.

Ah, pero al parecer hay que congratularse porque la pobreza extrema se redujo tantito. En 2012 había 11.5 millones de pobres extremos, y en 2014 los registros del Coneval contaron 11.4 millones. Miniaplauso abstracto.

Luego leo que Nuevo León fue un estado que redujo casi a la mitad sus niveles de pobreza extrema: si en 2012 teníamos 117 mil 500 personas en esa condición, en 2014 se contabilizaron 66 mil 700 pobres extremos.

Imagíneselo así, para sentir el rigor: imagine que cada hombre, mujer y niño del municipio de Cadereyta Jiménez tuviera que sobrevivir con menos de mil 300 pesos mensuales. En un estado como Nuevo León, esos 66 mil 700 pobres extremos son una vergüenza mayor que la del ridículo del Tri ante Panamá. De veras.

horacio.salazar@milenio.com