El país de las maravillas

Monterrey VI, pifias y alegatos

Si uno se va al mall no con ánimo consumista, pero sí a dejar ahí parte del salario, uno le piensa dos veces antes de comprar algo de mil pesos, y le piensa diez veces antes de comprar uno de cinco mil. O sea, según el sapo es la pensada.

En el caso de Monterrey VI, la pensada tiene que ser muy seria. Y no dudo que se haya pensado, pero si algo ha quedado claro en los últimos años es que ni el Gobierno del Estado ni Agua y Drenaje ha sabido comunicar como se debe el proyecto de agua más caro en la historia de Nuevo León.

Veamos argumentos contra el proyecto: que causará una catástrofe ecológica en el trayecto. Bueno, así como han estado gritando que no hay estudio de impacto ambiental, bájenlo del sitio de Agua y Drenaje, léanlo y luego argumenten sobre una base técnica.

Lo que el estudio dice es que el trazo del acueducto se dibujó sobre áreas ya afectadas por la actividad humana, una actividad por la que nadie hasta ahora había gruñido. El impacto acumulado del acueducto no agregará mucho a lo ya dañado. Lo dice el estudio.

Otro argumento afirma que se afectará el caudal del Pánuco porque se extraerá demasiada agua durante periodos de estiaje, etcétera. Yo pregunto: ¿Por qué critican que se le saquen 5 metros cúbicos por segundo pero no han hecho marchas ni griteríos por toda el agua que se descarga sin uso en el Golfo de México, y que excede con mucho lo que el proyecto le extraerá?

Dicen que hay proyectos alternativos que costarían menos. ¿Como cuáles? Alejandro González comentó aquí el proyecto Fondo de Agua. Sí, pero estamos hablando de proyectos distintos, con fines distintos y volúmenes de operación distintos. Necesitamos los dos.

La verdad, con todo y mis propias reservas sobre Agua y Drenaje, no he escuchado argumentos reales contra el proyecto. Pero sí he escuchado alegatos falaces, quiero pensar que de buena fe pero mal informados.

Sólo un ejemplo: Carmen Aristegui entrevistó a Cosijoopi Montero, de Reforestación Extrema, y el chavo se lanzó duro, hablando de conspiraciones y trácalas. Dijo, por ejemplo, que nadie se ha tomado la molestia de estudiar soluciones como aprovechar las aguas del río San Juan.

Bueno, Cosijoopi, eso no es cierto. No se ha evaluado más esa opción porque las aguas del San Juan, como las del Bravo, como las de otras cuencas, ya fueron otorgadas por gobiernos federales anteriores a usos específicos. En concreto, las aguas del San Juan pertenecen por decreto presidencial a los agricultores del distrito de riego 026, en Tamaulipas.

Cuando se construyó la presa El Cuchillo, se peleó duro contra la Federación y contra Conagua sobre uso del agua. La prueba es que esas broncas le costaron la gubernatura a Sócrates Rizzo. Así que ese argumento no es válido.

Pero Cosijoopi, y otros críticos, tienen razón en algunos puntos, en particular lo que se refiere al esquema de financiamiento del proyecto. Además de que será un proyecto a pagar durante muchos años, nadie lo ha explicado con auténtica claridad, la que hace entender a Juan Pueblo. Sospecho que es porque ni siquiera los promotores del proyecto tienen bien claro el asunto.

horacio.salazar@milenio.com