El país de las maravillas

Mondragón: control de desconfianza

Un taxista me dijo una vez que él había sido policía, y que ni siquiera en los peores años de la crisis de seguridad en Nuevo León se vendió a los malandros. Pero quedó fuera del sistema por una razón simple: se ponía nervioso en los exámenes.

Ahora vino de visita el comisionado nacional de Seguridad, Manuel Mondragón y Kalb, y sin el menor atisbo de rubor dijo que las pruebas de confianza aplicadas a nivel nacional no son fiables, porque dejan fuera a muchos elementos valiosos y en cambio hay “verdaderos barbajanes” que pasan como “blancas palomas”.

Yo no le creí al taxista ni le creo a Mondragón. Los exámenes de control de confianza no son papelitos escolares, aunque por confesión de algunos funcionarios pueden ser casi tan traumáticos como una endodoncia. Ouch.

Como toda prueba, los exámenes pueden fallar, sobre todo si el examinado es alguien inteligente, pues no es fácil engañar a la batería de pruebas que se aplican hoy a los aspirantes a policías.

Los exámenes incluyen una evaluación médico-toxicológica, para ver la aptitud física del aspirante y su posible patrón actual o pasado de consumo de narcóticos; una evaluación psicológica, para tratar de determinar si puede encarar las difíciles situaciones por las que ha de pasar un policía; una evaluación poligráfica para determinar si se ha salido de la legalidad alguna vez, y una investigación de entorno socioeconómico, para comparar estilo de vida contra ingresos.

Burlar estos mecanismos de control para entrar a una corporación de seguridad me parece incluso insensato. Si alguien tiene las aptitudes para, siendo un auténtico barbaján, disfrazarse de blanca paloma, de seguro andará haciendo algo más rentable que arriesgarse a que le metan un plomazo.

Me parece más bien que tras las palabras de Mondragón hay otra explicación. Una pudiera ser que simplemente él sea de un bando policial no afín a Genaro García Luna y que ande buscando su propia ruta a la subida jerárquica, lo que me parecería tonto.

Otra explicación pudiera ser que, al darse cuenta del costo enorme que implica verificar la confiabilidad de las policías, y habiendo pasado ya la parte más dura de la ola criminal, anden buscando cómo poder armar Policías más, digamos, relajadas. Esto permitiría a varios estados construir Policías menos caras y tener acceso a fondos federales para seguridad.

Pero eso sería injusto para estados como Nuevo León, que le han metido miles de millones de pesos a un proceso que se afinó y reafinó para las condiciones locales, hasta constituir un cuerpo que, con todo y los ocasionales prietitos en el arroz, ha demostrado ser muy confiable.

Las autoridades tienen que entender una cosa: los puestos públicos pueden ser sexenales, pero la seguridad es una exigencia transexenal. ¿Por qué no habló Mondragón de estos asuntos antes de que un país entero se comprometiera con un proceso de depuración basado en estos controles? ¿Por grillas? Eso me parece más peligroso que exigir alternativas a los controles actuales. Ojo, mucho ojo.