El país de las maravillas

Legisladores de medio pelo

En un discurso pronunciado el 11 de noviembre de 1947 en la Casa de los Comunes, Winston Churchill dijo: “En este mundo de pecado y dolor se han probado y se probarán muchas formas de gobierno. Nadie pretende que la democracia sea perfecta o sabia. De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás formas que se han puesto a prueba de vez en cuando”.

En otras palabras, la democracia es el menos peor de los regímenes imaginables. Eso lo saben bien los votantes de Nuevo León, que con frecuencia se están viendo forzados a votar por el menos peor de los candidatos.

Y si tenemos candidatos de ese calibre, no es de extrañar que tengamos funcionarios electos también de bajo calibre. Me refiero a algunos diputados de nuestro Honorable Congreso del Estado. En teoría, el Congreso es una entidad que nos representa a todos, pero está claro en cada acción, en cada declaración, en cada tontería solemne que excretan los legisladores, que se representan a ellos y a los intereses de sus partidos.

Ni siquiera esto último, porque hemos visto que algunos, creyendo que la gente votó por ellos y no por su partido, dejaron las filas de sus partidos con aire de vestal ofendida dizque para ser “diputados independientes”. La verdad es que, a como están las cosas, tendría que haber reglas para que le dejen la curul al suplente si ya no quieren estar en el partido, porque a fin de cuentas nuestra democracia es el mejor ejemplo de una partidocracia.

Pero veamos más ejemplos de las finezas que nos asestan un día sí y otro también estos ínclitos personajes.

Juan Manuel Cavazos, del PRI, presentó una iniciativa para poder castigar con el retiro de la licencia a quienes texteen mientras están manejando, o a quienes por estar distraídos con el teléfono causen algún accidente.

No es una idea del todo mala, si en verdad sirviera o se aplicara. Y es que no se entiende para qué quieren ir más allá en el endurecimiento de una ley escrita sobre el agua. Porque el Artículo 41 Fracción IV del Reglamento de Tránsito de Monterrey ya prohíbe conducir mientras se habla por teléfono o por radio, salvo si se hace con un sistema de manos libres. Y todos los días me toca ver a conductores y conductoras atorando el tráfico por ir con el teléfono pegado a la oreja.

Juan Carlos Ruiz, diputado del PAN, había propuesto antes modificar la legislación para poder suspender o retirar en definitiva la licencia de manejo a quien circule ebrio. De nuevo, se trata de una idea positiva, pero ¿por qué quedarse en el retiro de la licencia? ¿Qué tal si se considera la combinación ebriedad más manejo como equivalente a un delito grave? Pero ni quién se atreva a echarse semejante trompo a la uña.

O consideremos a Édgar Romo, que sigue insistiendo en que el PRI quiere prohibir el chapulineo... pero sólo para el caso de alcaldes, en una maniobra partidista tan burda como oportunista. ¿Por qué no empezar por ellos mismos? Si es cierto que tan en contra del chapulineo están, que empiecen por penalizar el abandono de una curul. Pero no, tenemos diputados de tan medio pelo como nuestra democracia. Si lo viera Churchill quizá se tragaría sus palabras.

horacio.salazar@milenio.com