El país de las maravillas

¿Igualdad femenina o cuota de poder?

Todos hemos visto el dibujo que distingue entre igualdad y justicia. Tras la barda de un campo de beisbol, tres monitos quieren ver el juego: el chaparrito, el mediano y el jirafón. Hay tres cajas de madera. Igualdad, dice el dibujo, es que cada quien tenga una caja: el jirafón ve mejor, el mediano ve bien y el chaparrito sigue sin ver. Justicia es que el jirafón no tenga caja, al cabo que ve bien, que el mediano tenga una caja, lo que le viene bien, y que el chaparrín tenga dos cajas. Así todos ven el juego.

Voy a meterme en camisa de once varas, porque al fin y al cabo hoy ando en vena masoquista. En el juego de beisbol de la política mexicana, la participación de las mujeres nos la están vendiendo como igualdad. Siguen dejando al chaparrito sin ver el partido. Y no veo que hablen de justicia: lo que les importa es la cuota.

Escribo esto teniendo a la vista la nota de Daniela Mendoza y Vico Canales sobre la apertura del Foro Nacional de Análisis Político “Empoderamiento de las mujeres”. Y leo en la nota que la titular del Inmujeres, Lorena Cruz Sánchez, dice que no es posible calificar a una mujer por cómo viste o por su historial amoroso. “Si atacan a una mujer, las atacan a todas”.

¿Solidaridad de género? Creí que ya habíamos pasado eso. Luego dice que las mujeres valen por lo que son... para de inmediato presumir de que están trabajando como locas para capacitar a mujeres de todos los partidos políticos. Esto me sugiere de inmediato que me está mintiendo, porque la conclusión es que las mujeres valen por lo que puedan aprender. Si valieran por lo que son, ¿qué necesidad habría de capacitarlas?

Dice después que gracias a esa capacitación, los partidos tendrán la certeza de que contarán con “mujeres preparadas, sensibles, con capacidad para representación de la sociedad”. Uta. Y yo que creía que la preparación, la sensibilidad y la capacidad venían de antes.

Finalmente, donde enseña el cobre es la parte en la que dice: “Vamos por lo que nos corresponde”. O sea, vamos por nuestra cuota de poder. Ese 50 por ciento por el que tanto ha peleado, esa igualdad (no justicia) que les permita llegar al caldero donde todos meten su cuchara.

Hubo una época en que yo platiqué mucho con mujeres que a mí me siguen pareciendo bien maduras: ellas no hablaban de igualdad ni de justicia, sino de inclusión. Una inclusión que significa: todos juegan, hombres y mujeres, y lo que no se vale es poner bardas de género. Así, si quedan 30 por ciento de mujeres es porque en ese lote hay 30 por ciento de mujeres dignas, y si quedan 80 por ciento de mujeres contra 20 por ciento de hombres, es porque sólo hay esos hombres de calidad.

Pero me acuerdo luego de que la política es el arte de lo posible y me digo: lástima, porque en este país, con esos líderes nacionales de partido peleándose por ver quién es el que les da mejor lugar a las mujeres nada más por lucir modernos, a la hora de la hora los **chancludos** son los Cuauhtémoc Gutiérrez, y las **chancludas** son las Julia Orayen. Y eso no es justo para las mujeres, pero tampoco para los hombres.

horacio.salazar@milenio.com