El país de las maravillas

Más allá de la sombra de Ayotzinapa

Para la mayoría de los mexicanos, el nombre de Iguala es sinónimo de una tragedia, pues recuerdan los hechos ocurridos hace más de dos años, en una noche de violencia, muerte y abuso de poder que culminó en la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa. Iguala parece sinónimo de sangre, crimen e impunidad.

“¡Pero eso no es justo!”, dice Martha Eugenia. “¡Iguala es mucho más que esa noche terrible! ¿Acaso nadie se acuerda del Plan de Iguala, que hizo a México independiente? ¿Olvidan que ahí se forjaron la primera bandera tricolor y el primer Ejército Nacional?”.

Reconoce que después de la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014, la vida municipal ha sido, er, complicada. El día 30, el entonces alcalde igualteco José Luis Abarca pidió licencia al cargo y fue suplido por el primer síndico Óscar Antonio Chávez, del PRD. Un mes después cedió el puesto a Luis Mazón Alonso, también perredista, que apenas duró unas horas al frente. El nuevo alcalde sustituto fue Silviano Mendiola Pérez, y a mediados de 2015 lo relevó el priista Esteban Albarrán Mendoza. Finalmente hace apenas nueve días lo sucedió en el cargo Herón Delgado Castañeda.

Martha Eugenia trabaja como regidora de Participación Social de la Mujer. Y cuenta cómo a pesar de ser de oposición ha logrado sacar adelante una iniciativa que se concretó a finales de agosto: darle a Iguala un Instituto Municipal de las Mujeres, que ayudará a que media población esté mejor protegida a nivel institucional.

Iguala es un municipio enclavado en un estado en el que todavía el machismo está bien arraigado, tiene un cabildo en el que, además del alcalde, hay 14 regidores, o más bien 5 regidores y 9 regidoras. Pero eso no significa que sacar adelante iniciativas a favor de la mujer sea cosa fácil.

Ahora ha sumado a sus preocupaciones una nueva iniciativa y para explicarla describe la estructura de Iguala, edificada a partir de la estructura colonial que la tenía dividida en barrios. Admite que parte de la infraestructura de servicios están en condiciones ruinosas. Y lo peor, dice, es que los barrios originales, por alguna razón carecen de representación ante el municipio.

Así que ahora está planteando que esos barrios tengan alguna voz que interceda por ellos para frenar su deterioro. Y piensa que el nuevo alcalde, como médico que es, no vacilará en sumarse a tal iniciativa. A mi escepticismo responde que la vida en Iguala tiene que seguir adelante, más allá de la sombra de Ayotzinapa. Y yo pienso, para mis adentros, que tiene razón, y que lo mismo debe ser cierto para todo México.

horacio.salazar@milenio.com